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El precio de una política obcecada
El precio de una política obcecada

Columnas jueves 28 de marzo de 2019 - 02:27


Nicolás Maduro, aislado políticamente y con una economía moribunda, se aferra a Cuba. La isla caribeña, con una política obtusa sobre Venezuela, sin abrir juego a una negociación, cierra no sólo las posibilidades de reinvención de un chavismo no madurista, sino que también sella su propio futuro junto al de Maduro.

De acuerdo con estimaciones del diario The Miami Herald, el petróleo venezolano que sigue llegando a la isla castrista representa unos 2 mil millones de dólares anuales que se ahorra Cuba en importaciones de crudo. Ha habido una mengua, ciertamente, pero aun en las peores horas Maduro sigue fielmente enviando crudo a Cuba, mientras que dentro de Venezuela el colapso energético arropa a toda la nación.

Hubo años en los que Cuba recibió más petróleo que el que necesitaba para su consumo interno y éste se revendía en el mercado internacional. Era un pingüe negocio, ya que los cubanos “pagaban” con servicios médicos y/o deportivos y de paso obtenían divisas con el extra que revendían.

Ya no estamos en aquellos años a todo trapo de Chávez, el petróleo pasó a ser un bien escaso también en Venezuela. Y eso en sí, es una cruel paradoja. El país tiene de las mayores reservas globales de hidrocarburos, pero hoy produce menos de un millón de barriles por día. Cuando Chávez llegó al poder en 1998 Venezuela producía 3 millones diarios de barriles. Aunque parezca mentira, Chávez primero y luego Maduro acabaron con la gallina de los huevos de oro representada por Petróleos de Venezuela (Pdvsa).

Hoy se vive la tormenta perfecta, que se incubó a lo largo del tiempo gracias, entre otras cosas, a los despidos masivos de sus mejores técnicos, una empecinada política de nacionalizaciones de Chávez, junto a las decisiones que desvirtuaron a la industria (colocaron a Pdvsa a repartirle alimentos a los pobres, por ejemplo en lugar de ampliar su horizonte de producción).

La izquierda global clama en contra del gobierno de Donald Trump, ya que éste –según ese discurso que parece de los años 60- quiere echarle mano a las riquezas petroleras de Venezuela.

Si eso fuese cierto hasta habría que darle las gracias, ya que recuperar la producción petrolera de Venezuela, tal como estaba antes de que Chávez llegara al poder, implica inversiones por 100 mil millones de dólares.

Detrás de la discusión petrolera, sin embargo, está Cuba obcecada en no perder el maná petrolero venezolano. Sólo que cada día que pasa, con Maduro aparentemente inamovible, en realidad se cierra la puerta para que el chavismo sea parte de la transición venezolana.

Y cada día que se retrase el cambio, que luce inevitable dado lo inviable que ha terminado siendo el régimen de Maduro, Cuba también pierde la oportunidad de ser parte de una negociación en la que podría obtener un salvavidas para cuando ya el chavismo no esté en el poder.



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/CR

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