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El problema somos nosotros

El problema somos nosotros

Columnas jueves 04 de julio de 2019 - 04:08


Son responsables, sí, lo son: el Presidente Díaz Ordaz, por la ominosa matanza del 68, expresión del peor autoritarismo.

El Presidente Luis Echeverría, por destruir el modelo económico estabilizador, para fincar nuestra prosperidad en el petróleo y derrochar los recursos en gasto corriente, abandonado el desarrollo.

▶ El Presidente José López Portillo, por ensanchar y hacer faraónica la administración pública, realizar obras públicas costosas y endeudar al país.

El Presidente Miguel de la Madrid, por ahondar la crisis económica, claudicar en su renovación moral y brillar por su ausencia en la tragedia del sismo del 85.

El Presidente Carlos Salinas, por el año de 1994, de traumáticas consecuencias.

El Presidente Ernesto Zedillo, por no sentar bases para evitar que el problema de la inseguridad se convirtiera en la tragedia que hoy tenemos.

El Presidente Vicente Fox, por ahogar la oportunidad histórica para refundar un país democrático e igualitario, prefiriendo adaptar a su grupo las antiguas formas del régimen que venció.

El Presidente Felipe Calderón, por afrontar la inseguridad con esquemas insuficientes y coyunturales, sin realizar el cambio democrático que correspondía al PAN.

El Presidente Enrique Peña, por permitir que corrupción e impunidad en el ejercicio del gobierno fueran el signo de la “nueva generación” de políticos que harían las cosas bien; y, El Presidente López Obrador, por gobernar de manera muy distinta de lo que prometió durante más de una década, sin producir los cambios drásticos de los que siempre habló y México necesita.

Pero por favor, no nos engañemos, nuestros presidentes y políticos no son los culpables de la situación de México.

Ellos tienen responsabilidad histórica, pero no son la cusa.

Los culpables somos nosotros. Nosotros, que no ejercemos con responsabilidad y compromiso una “ética política ciudadana”: porque no consideramos a las instituciones; no buscamos consenso; no somos leales ni respetamos las reglas de convivencia y no orientamos nuestras acciones al bien común, sino al individual.

Los culpables somos nosotros, por aniquilar los valores en que se sustenta la democracia: el respeto al otro y sus derechos; la tolerancia; la convivencia ordenada en una sociedad plural; la participación y corresponsabilidad en los asuntos públicos y la solidaridad.

Después de todo: ¿de dónde surgen los políticos mexicanos, sino de nuestra sociedad?

▶ Hasta que en México, sociedad y gobierno coloquen la educación cívica y la legalidad como nuestras prioridades centrales para la construcción de una ciudadanía comprometida con el respeto a nuestra sociedad, gobierno y partidos serán el menor de los problemas.

Cuando en México entendamos verdaderamente que, la máxima de José Alfredo: “con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero y MI PALABRA ES LA LEY”, solamente es la estrofa de una canción, pero no puede ser nuestra realidad, lograremos ser una gran nación.

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/CR

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