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El pueblo está feliz

El pueblo está feliz

Columnas miércoles 21 de agosto de 2019 - 01:33

Su rostro tenía la sonrisa serena, beatífica, del que es feliz por la razón más elevada que hay para sentirse así: haber provocado la felicidad en los demás. Ah, no hay nada que provoque tanto regocija como dar, como entregarse (en un sentido social: no empecemos), y nuestro Tlatoani lleva ya ocho meses entregado a la causa de la felicidad popular. ¡Cómo nos ha llenado de bendiciones! Por eso, pudo decir hace un par de días, sonriendo, esas palabras que deberíamos poner en letras de oro en el Congreso. Qué digo en el Congreso: en la portada de los libros de texto, debajo de su rostro humilde y refractario al culto a la personalidad; en cada salón de clase, bajo su foto; o en el pecho de los uniformes de la Guardia Nacional. Las palabras son: “El pueblo está feliz. Feliz, feliz, feliz. Hay un ambiente de felicidad”.

Se nota, sí.

Bueno, en casi todas partes.

▶ Pónganle que no se nota del todo en las cifras de la violencia, que se han desajustado a la alza en todo el país, la Ciudad de México para empezar. Digo, hay que reconocer que el homicidio, el secuestro y la extorsión no son proooooopiamente síntomas de una extendida felicidad. Pero en cuanto la Guardia Nacional tenga realmente nuevos miembros, o sea pasemos de la fase de reciclaje a la de reclutamiento, y las madres de familia hablen con los sicarios, estamos del otro lado.

Chance tampoco están muy contentas las mujeres que se manifiestan, por aquello de que la violencia contra ellas ha incluso empeorado respecto a los años anteriores, o de que cerraron las estancias infantiles y los refugios para las que han sufrido violencia. Pero esto se arregla rápido. Las nuevas autoridades populares, progresistas y con conciencia de género ya tomaron la medida mágica, esa que nos llena a todos de tranquilidad cuando la anuncian: abrieron carpetas de investigación.

Tampoco estarán radiantes las personas despedidas del gobierno federal en las purgas, perdón, en los recortes de inicio de año. O, más ampliamente, las que no tienen chamba porque hay un desajuste a la baja en la creación de empleo.

Pero ya nos explicó el Padre de Pueblos que los bienes materiales no importan.