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El refugio y la civilización

El refugio y la civilización

Columnas lunes 10 de junio de 2019 - 03:45


Hace 80 años, el 13 de junio de 1939, atracó en el puerto de Veracruz el buque Sinaia, que traía consigo a las primeras 307 familias de refugiados españoles.

El general Lázaro Cárdenas les abrió las puertas, de nuestro país, en uno de los momentos más altos y solidarios de política exterior del Estado mexicano. Aquellos transterrados, como les llamó José Gaos, hicieron de México su otra patria y aportaron trabajo y cultura.

Mi abuelo y abuela llegaron con posterioridad, él viajando de la República Dominicana y ella desde Nueva York. Ambos venían en principio de Francia, a donde llegaron cuando las sombras de la barbarie ya cubrían a Europa.

Historias que se cruzaron, como tantas otras, y que arrojaron luz cuando la oscuridad imperaba. La abuela, como adolescente, padeció la persecución y los interrogatorios de los nazis en París.

Quien sería su esposo, estuvo internado en el campo de concentración de Argelès-sur-mer, en la costa mediterránea francesa.

El abuelo tenía las marcas de la guerra, el cuerpo infectado por la metralla de una granada y el ánimo triste de quien pierde todo, aunque con la entereza de los que están acostumbrados a construir, a insistir en que el futuro de la humanidad puede ser distinto, en libertad y con justicia.

Fue mayor capitán del Ejército Republicano en el Ebro, encargado del abastecimiento de las tropas y del auxilio a quienes avanzaban hacia las Pirineos, sobre todo mujeres y niños que iniciaban un peregrinar, un exilio, del que la mayoría ya no retornaría.

Junto a su hermano, comandante de la misma división, tuvieron que hacer frente a una de las batallas más duras y espeluznantes d la guerra civil y que fue la que se desarrolló en Tortosa, en Cataluña a las orillas del viejo río Ebro que alimenta las plantaciones de arroz y que en ese momento dividía a toda España.

A 80 años de esas duras jornadas, conviene rescatar el significado profundo del refugio.

El general Cárdenas, como presidente de la República, tomó partido y lo hizo en un momento en que la moneda del futuro de la humanidad aún estaba en el aire y en el entendido de que se deben preservar los principios.

Pasa el tiempo, pero a mí aún me emociona testificar que el legado de los viejos refugiados sigue presente, que se reconoce desde el propio estado español y que inclusive significó la aprobación de una ley, de memoria histórica, que reconoce a sus nietos como españoles.

Ahora son tiempos difíciles, en donde la migración se detona por múltiples factores, pero los esfuerzos de los migrantes y quienes los acogieron, rindieron frutos y entre ellos, el más codiciado, el de la civilización.


•Twitter: @jandradej

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/CR

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