El viejo Bob

El viejo Bob

Columnas martes 10 de septiembre de 2019 - 02:52


Robert Mugabe ha fallecido y su muerte, lamentablemente, no significará el regreso de la democracia y las libertades a Zimbabue, su país. Hace dos años, cuando el anciano de entonces 93 años pretendía que su joven esposa Grace, se hiciera de la presidencia, terminó siendo apartado del poder por sus propios camaradas.

Se cerró, en 2017, la opción de que una dinastía familiar gobernara al país africano, pero la tiranía que instauró el viejo Bob, como se le llamaba popularmente al longevo dictador, sigue aún después de su muerte. Falleció Mugabe lejos de su tierra, murió en un hospital de Singapur y ello pone de relieve otro elemento: la destrucción de Zimbabue bajo su gobierno, también acabó con el sistema sanitario.

Mugabe simboliza, como Fidel Castro, no sólo la longevidad en el poder.

El africano fue el mandamás de Zimbabue por 37 años; en el Caribe, el cubano gobernó por 49 años y logró establecer la anhelada dinastía familiar. Ambos, además, fueron en sus inicios héroes nacionalistas. Con el paso de los años, se melló aquella aureola y quedó al desnudo el verdadero interés: permanecer en el poder, a cualquier precio.

En el caso de Mugabe, su obstinada obsesión con el poder le llevó incluso a destruir lo que otrora fue una pujante economía. Hace una década y media Zimbabue era el país, como ahora Venezuela, con las más altas y descabelladas tasas de hiperinflación. Los precios cambiaban dos y tres veces en el mismo día, las personas debían usar carretillas cuando iban al banco porque la moneda local literalmente no valía nada.

Zimbabue, en aquel momento, dejó en claro que la existencia de una crisis económica, por más aguda que ésta fuese, no representaba el fin de la dictadura. Un dictador es capaz de destruir a su país con tal de no perder el poder.

Eso lo demostró, sin duda, el viejo Bob.

La destrucción económica, como ocurre ahora con Venezuela, obligó a que los habitantes de Zimbabue huyeran a países vecinos, principalmente.

Aquel éxodo fue permitido por Mugabe, ya a que a fin de cuentas los que emigraban terminaban enviando remesas a sus familiares, y así estos dentro del país podían aliviarse en su situación de precariedad. Y mientras tanto Mugabe seguía con el control político de la población.

▶ El viejo Bob, finalmente, fue motivo de preocupación para la Comunidad Internacional cuando ejercía la represión masiva o cuando encarcelaba a los dirigentes opositores.

Pero de forma inteligente Mugabe los cooptó, los hizo parte de su régimen –con el aval de la Comunidad Internacional- y luego los responsabilizó del duro programa de ajustes económicos que finalmente debió implementarse.

Debe decirse que fue una jugada perfecta. Gracias a esto, en su última década en el poder, a Mugabe se le terminó aceptando en diversos foros internacionales. Una dictadura estable, con control sobre la población y sin oposición interna, así fue la herencia de Bob.

• Periodista e investigador de la
Universidad Católica Andrés Bello, en
Caracas.@infocracia

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/CR

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