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Empresarios: una historia de amor

Empresarios: una historia de amor

Columnas lunes 05 de agosto de 2019 - 01:33


Empecemos por establecer una máxima que —lo propongo humildemente— podría sustituir lo de “Sufragio efectivo, no reelección”, que cualquiera de estos días será obsoleto, me queda claro, con una consultita democrática a mano alzada (consulta mata notario):

▶ “Vamos requetebién, no importa cuando leas esto”.

La máxima viene a cuento porque hace un par de días leí en Reforma un artículo de Carmen Aristegui que, por primera vez en mi ya larga vida como lector, radioescucha, espectador o —lo digo como va— fan suyo, me movió al disenso. Dice mi Carmen que es innegable que la economía patria, la economía nacional, está en desaceleración, por mucho que hayamos librado la recesión. Y no usa la expresión, no, pero se deja ver que cree lo que tantos fifís, machuchones, neoliberales: que la libramos de panzazo. A ver, mi Carmentxu: si el Tatoani dice que vamos disparados al Primer Mundo, eso va a misa, como todo lo que dice el Tlatoani. ¿Que 0.1% es raquítico, que habría que sumarle dos años del crecimiento mediocre de Peña para alcanzar el 4% prometido? Pues no.

Y te explico por qué: el 0.1 de nuestro Presidente Eterno es el más grande del mundo. Hay de cero punto unos a cero punto unos, ¿eh? Para no mencionar que además ahora hay una distribución más justa del dinero: ¿no perciben claramente cómo circulan ríos de billete por las calles, cómo sonríe el pueblo bueno por la llegada de la prosperidad con justicia social: cómo llegó ya utopía, el paraíso en la tierra?

Dicho esto, sí coincido con Carmen en lo otro que dice: que los empresarios tienen que empezar a aflojar billete. ¿Qué machuchoneria es esa de guardarse los dineros porque no hay confianza? A ver, empresaritos: ¿qué los espanta? ¿Que hayamos cancelado el aeropuerto de Texcoco cuando se iba a pagar solo, cuando ibaavanzada la obra, cuando no se documentaron casos de corrupción (paciencia: seguro que mi Irma Eréndira, la implacable, está ya en eso, y ojalá no le fusilen otra vez la investigación los del Animal Político), cuando nos está costando una fortuna pagarlo? ¿Dos Bocas, que puede ser un negocio ecológicamente ciego y de los que en el mejor de los casos dejan centavos, pero centavos de los del Tlatoani, que son los más valiosos del mundo? ¿Las calificadoras, que dónde estaban cuando había corrupción y que nos aceptan los brillantes Power Point de Octavio Romero? ¿La gestión del tío Bartlett en la CFE, con su carbón quemado? ¿Las predicciones de los bancos? ¡Basta! Como dice mi Carmencita, deberían estar agradecidos de que el Padre de Pueblos no se haya radicalizado. Que se haya impedido lo de las comisiones bancarias, por ejemplo.

Tiene razón. El presidente no ha hecho tampoco, por ejemplo, expropiaciones masivas a lo Chávez. Ni ha establecido koljoses en la zona agrícola de Sinaloa.

Ni campos de reeducación para que los fifís aprendan a trabajar como el Pueblo Bueno, en —digamos— trapiches de tracción humana, para hacer vasitos de jugo de caña de a 10 varos. Ni ha puesto Comités de Defensa de la Revolución, para el caso. En cambio, ha sembrado la tranquilidad con lo mejor que tiene: su voz. ¿Qué importan los expertos ante un “Vamos requetebién”? ¿De veras no les basta? ¿Qué otra prueba de qué hay una economía ordenada, diseñada al detalle, o sea un plan maestro, que los dos estadios de beis que compramos el otro día?

▶ Hasta ahora, empresaritos, esto ha sido una historia de amor. Sigamos así. Saquen la chequera. Mándenle telegramas a sus contadores.

Inviertan en refinerías y trapiches. Último aviso.

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/CR

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