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En defensa del licenciado Bartlett

En defensa del licenciado Bartlett

Columnas viernes 27 de septiembre de 2019 - 00:13

Digamos que las pruebas que difundió Carlos Loret de Mola contra Manolo Bartlett, uno de los ejes de la Cuarta Transformación, parecen verdaderas. Digamos que en efecto al licenciado se le pasó declarar unas casitas por… tampoco tanto: 800 millones de pesos, y luego unas empresitas. Digamos también que algunas de las empresitas entran en los terrenos de lo que los fifís llaman “conflicto de interés”. Y digamos que la Elliot Ness mexicana, Irma Eréndira Sandoval, se precipitó un poquitín en exonerar al tío Manolo, y que por eso luego tuvo que decir que, siempre sí, la Función Pública iba a lanzar una investigación.

Digamos. ¿Significa eso, como dijo el propio Loret, que no destituir al tío significaría poner en entredicho toda la política anticorrupción del Robespierre de Macuspana? Obvio no. Y es que nuestro Presidente Eterno, en esto como en todo, tiene, estoy convencido, un plan.

A ver. ¿Nuestro Presidente roza la divinidad con la yema de los dedos? Obvio sí. Pero tampoco podemos caer en excesos encomiásticos, en eso que se llama el culto a la personalidad, proscrito desde su llegada al poder, y pensar que está al tanto de todo cuanto ocurre en este país inagotable. No es dios, solo se le parece.

Por otro lado, en donde sí está instalado plenamente es en la santidad. Es un hombre puro y bueno como un bebé, un hombre sin mácula, totalmente ajeno a la corrupción y los intereses materiales (y el divorcio) que pasó sin mácula por la opacidad de los segundos pisos cuando era jefe de Gobierno, por la venta o traspaso o cesión o no sé bien qué de su rancho que ya no es su rancho, pero al que se va a retirar, o por Bejarano. Es, pues, un hombre que claramente no reconocería la corrupción si la tuviera enfrente, brillante, como neones en la noche. Así de transparente es su alma; así de limpia e ingenua su mirada. AMLO bebé.

▶ Pero tiene un plan, en su inteligencia inagotable. El plan es rodearse de seres capaces, por experiencia propia, de identificar la corrupción incluso en sus manifestaciones más sutiles, más sinuosas, para que lo pongan sobre aviso. De profesionales. Napito, por ejemplo. El mismo profe Bejarano. Y sobre todo el tío Manolo. Oh, sí: nadie con la experiencia del licenciado en las alcantarillas de la política. Déjense de las casitas y las empresitas.

¿Qué tal la caída de sistema? ¿Qué tal lo cerquita que le pasaron el asesinato de Manuel Buendía o el de Kiki Camarena?
¡Es un experto! Con su mirada atenta, ni la más escurridiza de las tranzas pasará desapercibida. No habrá ventas de carbón, ni compras turbias de pipas, ni… Bueno, dejemos esto para otra ocasión.

¿Significa esto que el Tlatoani combate la corrupción con corrupción, el fuego con fuego? ¡Nooooooo! La cosa funciona así: Napito, el Bejas y por supuesto el licenciado Bartlett, como también por ejemplo el jovenazo Velasco, hacen una fila en los pasillos de Palacio Nacional.

Ataviado con una guayabera y una corona de flores, el Padre de Pueblos, uno a uno, les toca la frente con la mano y les dice: “Estás limpio de culpas. Eres un hombre honesto, hijo mío”. Y así, milagrosamente, por ciencia infusa, pasan de ser emblemas de la corrupción política, a próceres de la lucha por la honestidad valiente.

Esta semana, sin discusiones, para él, para Manuel Bartlett, es la medalla al integrante más destacado de la 4T: la Orden de Macuspana.

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/CR

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