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Estafadoras de Wall Street

Estafadoras de Wall Street

Columnas jueves 31 de octubre de 2019 - 02:45

Llevamos quince minutos en la sala de cine y lo que se nos muestra en pantalla es a la bomba del Bronx, Jennifer López, en todo su esplendor. Haciendo piruetas en un tubo de acero. Abre las piernas, gira las muñecas, se cuelga de cabeza, se tira al piso y se retuerce mientras la manada de hombres grita enardecida y arroja infinidad de billetes a los pies de esta amazona. Esta es la escena más arriesgada de filme.

'Destiny' (Constance Wuu) es una joven oriental con poco tiempo en el negocio del striptease, nieta trabajadora, que mantiene a su abuela con los pocos dólares que gana cada noche entre tragos y sujetos morbosos. Una noche mira con esplendor el ardiente baile de 'Ramona' (Jeniffer Lopez) una strippers más, que decide tenerla bajo su protección.

Con el paso del tiempo ambas se han acoplado tanto a su ritmo de vida de dinero abundante, buenos apartamentos que cuando la recesión económica de 2008 arrasa miran cómo los hombres que antes gastaban exorbitantes sumas de dinero están en bancarrota. Ellas trabajan en un club cercano a Wall Street y deciden que una mezcla de varias drogas dejará inconsciente a quienes se le suministre para poder vaciarles las tarjetas.

Si algo había dejado claro Martin Scorsese con El lobo de Wall Street era que no buscaba la reivindicación de su protagonista Jordan Belford, la historia real de un embaucador —con encanto eso sí— que resulta ser una persona despreciable.

Lorene Escafaria directora de esta película está más empecinada en hacer reír a la audiencia. En soltar uno que otro manifiesto feminista y en que nos encante Jennifer López… ella ya nos tiene en la bolsa.

La primicia que se vendía, es decir ser un filme sobre una historia real con alto grado de sensualidad, se queda corta, y resulta bien extraño que un filme del año 96 protagonizado por Demi Moore llamado Striptease Sea, al día de hoy, mucho más arriesgado.

En algún momento del filme una de las chicas acepta no sentirse culpable al haber estafado a tantos hombres, claro porque aquí el único personaje malévolo es el hombre que paga por ver mujeres desnudas. Si el punto de Escafaria era el denunciar, realmente pudo haber trabajado más su guion y enfocarse en el sin fin de delitos que ocurren en este tipo de negocios.

Es entendible que el fin primordial del filme era entretener y se logra a medias. Después de hora y media la película se siente aburrida. N6o venía a cuento la justificación de sus protagonistas, ni siquiera Magic Mike de Steven Soderbergh en su primera entrega fue tan hipócrita, ni juzgaba a las mujeres que apetecían de contratar los servicios de strippers masculinos.

Así que si usted busca sensualidad vaya directo a ver cualquier video musical de Jennifer López o Cardi B.

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/CR

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