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Evo Morales y su cosecha de tempestades

Evo Morales y su cosecha de tempestades

Columnas martes 12 de noviembre de 2019 - 02:20

Andrés Cañizález
@infocracia
Quien siembra vientos cosecha tempestades, reza el refrán bastante conocido en España y América Latina. Hoy Bolivia vive las tempestades que sembró quien fue su presidente hasta este domingo 10 de noviembre. Evo Morales tenía el cuestionable mérito de ser el jefe de Estado latinoamericano con más años en el poder, 13 en total.
Si hacemos un ejercicio retrospectivo, la cosecha de tempestades tuvo un punto de inflexión hace casi cuatro años. Exactamente el 21 de febrero de 2016. Ese día de forma mayoritaria, el 51 por ciento de los bolivianos consultados en un referendo le dijeron no a una nueva reelección de Morales.
Morales no fue un buen perdedor, no escuchó la voz popular, y haciendo gala del control que efectivamente mantenía sobre las instituciones logró que en diciembre de 2018 se produjera una decisión insólita. Por encima de los resultados del voto popular, que ya se había manifestado en contra de otra reelección, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) dictaminó que Evo tenía el derecho humano a volver a ser candidato.
Gobernando desde enero de 2006, Morales ha sido el presidente boliviano de toda la historia del país andino que ejerció el poder durante más tiempo. Y era hasta el domingo el presidente latinoamericano con el ejercicio más prolongado del poder.
Si nos remontamos en la historia del Evo asumiéndose imprescindible, hace una década exactamente comenzó la siembra de los vientos que llevaron a Bolivia a la situación actual.
Una transición constitucional aprobada en 2009, estableció la posibilidad de la reelección presidencial para dos mandatos continuos de cinco años cada uno. Gracias a esta transformación, Evo buscó la relección en 2010 y luego nuevamente en 2014.
Y su plan era permanecer hasta 2025.
Llegamos a las elecciones presidenciales del 20 de octubre. Tras estos comicios mostró su empecinada negativa a aceptar una segunda vuelta; luego su tácita admisión de un fraude electoral, en su mensaje de renuncia, sencillamente dejan al desnudo una actitud reñida con “escuchar la voz del pueblo”, que tanto pregonó cuando estaba en su pico de popularidad.
Como ha sucedido ya en la historia del populismo latinoamericano, las elecciones son buenas cuando favorecen al líder populista y dejan de serlo cuando el pueblo les da la espalda y apuestan a un cambio.
La transición boliviana es incierta, sin duda alguna. Y no se trata únicamente de los factores institucionales y el rol que deberán cumplir, sino que su tránsito se ha iniciado bajo el signo de la violencia. Esa es otra tempestad que sembró Evo, lamentablemente, al no abrir el juego político institucional y allanar la realización de una segunda vuelta en las elecciones presidenciales, tal como había sido la voluntad popular.
Sobre lo que pudo haber hecho y no hizo, sencillamente no hay vuelta atrás. Sobre lo que vendrá en Bolivia y la carga de tensión, revancha, conflictividad que vivirá este país -en todas esas tempestades- ya recordaremos a quién las sembró. Por más que cierto discurso intente hoy convertirlo en una víctima.

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