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Extra migrantes nulla salus

Extra migrantes nulla salus

Nación jueves 29 de agosto de 2019 - 16:09


Por Pedro Zavala.

Dos imágenes

Uno. Miro en las redes sociales, un post tras otro, la imagen de una niña pequeña en las espaldas de su padre. Me detengo a observar con detenimiento. No están en los juegos de un parque. Tampoco están a un lado de un carrusel lleno de luces de colores. Ambos yacen boca abajo, las espadas descubiertas, sobre hierba mojada y al costado de un río. Se trata de dos cuerpos inertes. Se han ahogado intentando su cruce. Él y ella, que en vida tuvieran nombres y apellidos: Valeria de casi dos años y su padre Óscar Alberto Martínez Ramírez. Entre el debate que suscita el hecho de compartir o no la imagen, me pregunto sobre los múltiples motivos que han llevado al padre a intentar un cruce similar. ¿Qué habrías hecho tú? ¿Qué habrías hecho tú? ¿Qué habrías hecho? Repito una vez tras otra en mi mente sin encontrar respuesta alguna. De pronto encuentro un sabor agrio en la garganta y boca; y el movimiento intermitente de mis entrañas.

Valeria y Óscar nombres de la lista inerminable de hombres y mujeres que han intentado atravesar un río, en búsqueda de un presente distinto.

Dos. Navego por la página del Centro de Detención de migrantes en Laredo, Texas. La página indica que si requiero información sobre un detenido que esté alojado en, puedo llamar al número que aparece en pantalla, en horas de oficina. Indica además, que cuando llame, por favor (así lo indica) tenga la información necesaria del alojado. Esta incluye el nombre y apellidos, alias, fecha y país de nacimiento. La página añade que los detenidos no pueden recibirán llamadas telefónicas. Y que si necesito contactar a alguno o dejarle algún mensaje urgente, debe llamar a otro número. Afirman que mi mensaje se le dará al alojado.

Finalmente señalan que existe un estacionamiento disponible al público en frente del Centro de Detención. La página remata con un anuncio sobre la accesibilidad para Individuos con Discapacidades: “Esta instalación no discrimina por razones de discapacidad y le provee a los detenidos adaptaciones relacionadas con discapacidades, según sea necesario, para permitir acceso a sus programas y actividades”.

Los eufemismos, la ambigüedad, la neolengua utilizada (según el escritor inglés George Orwell, en la novela 1984) intenta barnizar con decoro, la política anti inmigrante norteamericana. Expresiones de la premonitoria 1984 afirman: “La guerra es la paz; La libertad es la esclavitud; La ignorancia es la fuerza”. ¿Falló Orwell?

Decido tomar el teléfono y marcar el número que aparece en la página. De inmediato me responde la voz grabada de una mujer. Me pide nombre, apellidos, alias, fecha y país de nacimiento del alojado a quien busco. Ella calla y de inmediato pronuncio el nombre del canciller mexicano: Marcelo Ebrard Casaubón. La voz de la mujer me anuncia que se comunicarán cuanto antes conmigo.

Pequeña memoria

Nombrar como tributo. No olvidar. Esta es una pequeña memoria. Una brevísima lista de migrantes menores de edad, hondureños, difuntos en territorio norteamericano: Juan de León Gutiérrez, 16 años, infección cerebral; Felipe Gómez Alonso, 8 años, diagnosticado con resfriado común; Jakeline Caal, 7 años, choque séptico; cuatro cuerpos no identificados de tres niños y una mujer, cercana a los treinta años, calor extremo luego de vadear el río. Se cree que los cuatro llevaban muertos varios días antes de que sus cuerpos fueran descubiertos. La lista continúa. Continuará. ¿Qué hubieras hecho?, me pregunto de nuevo.

Imagen: Reuters

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YC/CR

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