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Fantasmas en Juárez: El señor de los cielos

Fantasmas en Juárez: El señor de los cielos

Columnas lunes 17 de junio de 2019 - 03:48


Amado Carrillo Fuentes llegó a Chihuahua para “auditar” el acuerdo de los capos de Sinaloa con Pablo Acosta Villarreal.

Desde Ojinaga, en la frontera con Presidio, Texas, Acosta administraba una organización eficiente y que con el tiempo se transformaría, ya con todas sus letras, en el Cártel de Juárez.

Acosta Villarreal, El Zorro del desierto, murió en un tiroteo, en su rancho Santa Elena, en 1987 contra un grupo de agentes de la Policía Judicial Federal al mando de Guillermo González Calderoni.

A mediado de los 90, quien mandaba era Rafael Aguilar Guajardo, un exagente de la Dirección Federal de Seguridad, que supo vislumbrar el empuje y el futuro, promisorio, del tráfico de mariguana desde un punto estratégico y que por años ha sido la Joya de La Corona: el antiguo Paso del Norte.

Guajardo formaba parte de una larga estirpe de policías corruptos que aprovecharon la coyuntura para apoderarse de toda la red delictiva y fortalecerla con protección desde las instituciones.

A Guajardo lo asesinaron en Cancún en 1993 y eso afianzó el liderazgo de Carrillo Fuentes.

Se profundizó, desde entonces, el trasiego aéreo de cocaína. El Señor de los cielos subió peldaños que lo colocaron como uno de los criminales más peligrosos. Cuatro años de un fuerte liderazgo y de un control absoluto de los puntos fronterizos, repartiendo dólares para comprar voluntades. Comandantes de la PGR estaban a su servicio y le informaban de movimientos y operativos en la región y filtraban datos contra las organizaciones enemigas de los juarenses.

Amado Carrillo vivía en la Ciudad de México cuando murió, en 1997, en una operación por un choque alérgico, que tenía por objeto cambiar su identidad. Un drama que significó el asesinato de los médicos, uno de ellos, un prominente cirujano plástico colombiano.

Carrillo Fuentes tenía la intención de establecerse en Chile. Inclusive había comprado propiedades y enviado grupos de avanzada.

No lo hizo porque la policía chilena se le adelantó, con un preciso trabajo de inteligencia, que comenzó a desarrollarse cuando se supo de la compra de dos autos Mercedes Benz y de dos mesas de billar pagadas en efectivo.

Estos datos, en apariencia inconexos, significaban que estaban ante la presencia de alguien que requería seguridad y que pasaría mucho tiempo resguardado: el blindaje y la carambola, elementos inseparables de los señores de las drogas.

Muerto Carrillo, su organización ha ido sorteando muertes y detenciones. Mantienen el control de Juárez, pero bajo un fuego constante.

En Sonora fue detenido, este sábado, Luis Carrillo, uno de los hijos del Señor de los cielos en posesión de un arma de uso reservado del Ejército. Un capítulo más de una historia que inició en Ojinaga, en el desierto profundo y que aún no concluye.


•Twitter: @jandradej

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/CR

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