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Finiquito

Finiquito

Columnas martes 30 de julio de 2019 - 01:58

El miércoles 24 de julio arrancaron los Juegos Panamericanos en la ciudad de Lima, Perú, con 65 ganadores de medallas de oro y deportistas de primera que buscan ganar una medalla de oro, plata o bronce.

Al día de ayer, el contador de medallas nos colocaba en el segundo lugar, debajo de Estados Unidos. Con suficientes preseas para no ser alcanzados por Colombia, que está debajo en el tercer lugar, y cerca de los gringos.

El levantamiento de pesas es uno de los deportes más antiguos que formaron parte de las competencias olímpicas en 1896 en Atenas, y aunque en los registros aparecen que fue hasta 1976 que participaron las primeras mujeres, no fue sino hasta 2000 que entró de manera oficial la categoría femenina.

¿Qué es el levantamiento de pesas? Un deporte de pura y llana fuerza, con músculos que sirven de sostén para una barra que sostiene varios discos en sus costados sumando 45 kilos hasta 109.

Cuerpos que se tambalean como si se fueran a romper, cuando cargan tanto peso que sus rodillas se contonean de un lado a otro.

Esta imagen captada por la fotoperiodista Guadalupe Pardo, en el Coliseo Mariscal Cáceres en Lima, donde se llevaron las pruebas de halterofilia, es un acercamiento con todo lujo de detalle.

Pocas veces vemos la sacudida de polvo de magnesio que utilizan los pesistas para la generar fricción en las manos y evitar que el sudor les afecte a la hora de la prueba, de tal manera que las pequeñas partículas se congelan en el aire.

Ciertamente siempre he visto que la mujer fotógrafa, tiene una sensibilidad visual distinta que la de cualquier hombre a la hora de buscar detalles; es decir, a la hora de encuadrar acercamientos en partes del cuerpo muy particulares. Tan claro, que es raro que en televisión veamos este momento en pausa.

El polvo como soporte, como un tic obligado para sentirse seguros, para salir al campo de batalla confiados de que todo saldrá bien, más allá de su esfuerzo físico y mental que tanto trabajaron.

Dar una, dos, tres, las palmadas necesarias para alentarse, para gritar en la mente ¡Vamos! ¡Vamos, que llegó la hora!

Donde se finiquitan los días sin descanso, las lágrimas de dolor, las gotas de sudor que les recordaban el esfuerzo en su cuerpo y el de sus sueños para llegar a los Juegos Olímpicos y aún más, recibir una medalla de oro.

Y así en la vida, nos aplaudimos a la hora de saltar a una junta importante, al tomar las decisiones que nos cambiarán la vida entera, al hacer lo que nos apasiona, sabiendo sus riesgos.

Todos tenemos un polvo de magnesio, en el cual nos apoyamos directa o indirectamente. Nos damos palmadas, lo espolvoreamos, lo esparcimos y cuando ya ha desaparecido, avanzamos, cargamos el peso que sea necesario para alcanzar nuestras metas y finalmente, finiquitamos.

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/CR

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