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Fragmento La vida a ratos

Fragmento La vida a ratos

Entornos lunes 07 de octubre de 2019 - 04:07

Semana 1

• LUNES. Pronto cumpliré sesenta y siete años. ¿Soy un viejo? Evidentemente sí, pero a mi alrededor todo el mundo lo niega.


—Anda, anda, no digas tonterías.

A veces soy yo mismo el que lo niega. Cuando paseo por el parque de buena mañana, por ejemplo, la imagen que tengo de mí es la de un «muchacho». Me estimula sentir el frío en el rostro, me gusta apretar el paso hasta alcanzar el límite de la carrera, pienso con ilusión en el periódico y la taza de té que me esperan al final de la caminata. En ocasiones, a esas horas comienzo a imaginar ya la comida, incluso me acerco al mercado y compro algo especial. Con frecuencia, mientras voy de acá para allá, recuerdo la frase con la que comienza John Cheever sus memorias: «En la madurez hay misterio, hay confusión».

Cierto, hay misterio, hay confusión, a veces el misterio procede de la confusión y la confusión del misterio. Pero contesta ya, maldita sea, a la pregunta con la que te has levantado de la cama este lunes de enero: ¿Eres o no eres viejo? Sí, coño, lo soy, soy viejo. Un viejo.

Semana 3

• MARTES. Salgo a pasear a primera hora, con fresco. Ya en el parque, le doy una patada sin querer a un sobre marrón de los de burbujas. Es grande y está muy abultado. Lo tomo, por curiosidad, y saco lo que hay en su interior. Se trata de un frasco de plástico como los que se utilizan para las muestras de los análisis de orina.

Está lleno y permanece tibio aún, como si acabaran de depositar el pis. El hallazgo me estremece. Aunque mi primer impulso es desprenderme de él arrojándolo al suelo, lo devuelvo al interior del sobre y lo abandono en una papelera. Luego busco una fuente donde enjuagarme las manos, que me seco en el faldón del jersey.

Semana 6

• JUEVES. Me deja un mensaje mi psicoanalista. Sigue enferma y tampoco podrá atenderme hoy.

Tengo un amigo cuya psicoanalista falleció en mitad del tratamiento. No es lo mismo, pero también molesta, claro. Le resta omnipotencia y yo, hoy por hoy, necesito un psiconalista omnipotente, como mi madre.

Sé que lo analizaremos en la próxima sesión, si no muere (cruzo los dedos), y que ella me dirá por qué necesito recordar a mi madre como una mujer que todo lo podía. Yo le diré que mi madre lo podía todo y ella me preguntará si estoy seguro de todo lo que digo y entonces yo dirá , al borde de las lágrimas, que no, que en realidad mi madre era muy frágil, pero que reconocerlo me fragiliza a mí.

Semana 20

• VIERNES. Digámoslo claro: el AVE es aburrido. La gente dice: lees la prensa, trabajas un rato y, cuando te quieres dar cuenta, estás en Barcelona. Cuando re quieres dar cuenta, no: cuando llegas. Y llegas mal porque no has visto el paisaje. Seiscientos quilómetros de paisaje sin paisaje .¿Es normal? No.

Significa que llegas normal.

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IM/CR

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