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Fragmento Un Hombre Sin Rostro

Fragmento Un Hombre Sin Rostro

Global viernes 16 de agosto de 2019 - 04:47


AUTOBIOGRAFÍA DE UN MATÓN

Como llegó al poder desde la oscuridad, habiendo pasado toda la vida adulta en los confines de una institución secreta y hermética, Vladímir Putin ha conseguido controlar lo que se sabe sobre él mucho más que casi cualquier otro político moderno (sin duda, mucho más que cualquier otro político occidental). Ha creado su propia mitología. Lo cual es positivo porque, en mucha mayor medida de lo que puede hacerlo cualquier persona, Vladímir Putin ha comunicado directamente al mundo lo que quería que se supiese de él y cómo le gustaría que lo viesen. El resultado es la mitología de un hijo del Leningrado posterior al sitio, un lugar mezquino, hambriento y pobre que engendró niños mezquinos, hambrientos y feroces. Al menos, así fueron los que sobrevivieron.

[…]El patio era un elemento central de la vida soviética de posguerra , y la mitología personal de Vladímir Putin está muy enraizada en él. Como los adultos trabajaban seis días a la semana y nadie se encargaba de su cuidado, los niños soviéticos solían crecer en los espacios comunes que rodeaban a sus edificios de pisos superpoblados. En el caso de Putin, eso significó crecer en el fondo del pozo, esto es, del patio pozo, con basura por todos lados y poblado por tipos duros. “Era un patio digno de verse –le dijo a uno de los biógrafos Víktor Borisenko un antiguo compañero de clases y amigo durante muchos años–. Todos eran matones, tipos que no se lavaban ni se afeitaban, con cigarrillos y botellas de vino barato. Siempre bebiendo, maldiciendo, peleándose a puñetazo limpio. Y ahí estaba Putin, en el medio de todo.

Putin, más joven que los matones y de constitución ligera, trataba de hacerse respetar. “Si alguien le insultaba de la forma que fuese –recordaba su amigo–, Volodia se le lanzaba encima inmediatamente, lo arañaba, lo mordía y le arrancaba el pelo a mechones; era capaz de cualquier cosa con tal de no permitir que nadie lo humillase”.

[…] Siendo ya un joven agente del KGB, Putin siguió escenificando sus peleas de antaño. Putin, por lo que se ve, ante la menor provocación reaccionaba metiéndose en una reyerta callejera y llegaba a poner en juego su carrera en el KGB, que habría descarrilado si lo hubiesen detenido por la pelea o simplemente porque la policía hubiese sabido que estaba involucrado. Sean o no sean completamente ciertas las historias, es llamativo que Putin se ha descrito así mismo –y ha permitido que otros lo describan– como un hombre sistemáticamente imprudente, violento, con un temperamento que a duras penas conseguía contener. La imagen que ha elegido mostrar es aún más notable porque no parece encajar con la disciplina a la que Putin dedicó años de su adolescencia.

Por Masha Gessen

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IM/CR

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