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Germán Martínez

Germán Martínez

Columnas miércoles 22 de mayo de 2019 - 01:11


Como ocurre con frecuencia en el México contemporáneo, la renuncia de Germán Martínez ha detonado dos reacciones extremas: por un lado, quienes aplauden estruendosamente como si su gesto constituyera una proeza inédita en la historia universal. Del otro, quienes, desprovistos de argumentos, lo descalifican, insultan y denominan traidor. No hay evaluaciones equilibradas ni lecturas frías de los acontecimientos, sino simpatías y diferencias directas con el personaje.

La carta de renuncia de Martínez, si bien un poco larga, es un acto de honestidad. Expone con claridad sus motivos y su interpretación de los hechos. Reconoce su incapacidad para lograr sus propias metas en el marco de restricciones procedentes de un actor político más poderoso: la Secretaría de Hacienda.

Termina elogiando y agradeciendo al Presidente de México, cual corresponde con la tradición, a pesar de que el Secretario de Hacienda no pudo haber obstruido el trabajo de Martínez sin autorización presidencial.

En parte, lo que estamos viendo es la exposición pública de pleitos palaciegos, con mayor o menor fundamento. Disputas internas en el gabinete federal, como ocurren en todos los gobiernos. Egos que chocan y preferencias del Presidente por uno u otro de sus colaboradores. Evidentemente, Martínez no era uno de los favoritos. Al momento de escribir estas líneas, todavía no se conoce (y tal vez no se conocerá) la versión oficial de la Secretaría de Hacienda.

En el fondo, me inclino a pensar que la razón está de parte de Martínez, pues defiende con firmeza la asignación de recursos al servicio de salud pública.

La austeridad no debería significar la reducción de la seguridad social, mucho menos en un gobierno que se dice de izquierda.

En mi valoración, las cuestiones de fondo son dos. Primero, habrá que ver si en el gabinete obradorista se impondrán, a la postre, los integrantes de tendencia moderada o aquellos de discurso radical y rigidez ideológica. En segundo lugar, la discusión más trascendente para México tiene qué ver con la viabilidad financiera del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Poniendo de lado por un momento el nombre de quién lo dirige, el IMSS es quizá la institución más noble del estado mexicano. Basta considerar que en el país más rico del planeta, Estados Unidos, no existe una institución equivalente que preste servicios de salud gratuitos en la escala del IMSS.

El IMSS, con todos sus problemas y deficiencias, que son muchos, representa una de las conquistas más palpables del derecho a la salud entre los mexicanos. No en balde su imagen institucional es la de una madre abrazando a su bebé, ambos protegidos por el águila. Su defensa constituye un deber de quienes creemos en la responsabilidad social del estado.

Por eso, en esta coyuntura, es preciso solidarizarse con la causa representada por Germán Martínez.


•Internacionalista y analista político:
@avila_raudel

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/CR

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