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Gloria a nuestro Cuarto Bat

Gloria a nuestro Cuarto Bat

Columnas lunes 25 de marzo de 2019 - 01:04


Soy del Altiplano, donde los dioses nos hicieron aficionados al futbol a pesar de las derrotas del Cruz Azul, la más importante fuente de frustraciones del país tras la selección nacional.

Sin embargo, me gusta el beisbol. Ahora entiendo por qué: es el deporte bandera del periodo postneoliberal, ese en la que nuestros senadores se reúnen con antiguos terroristas con la bandera del nacionalismo vasco junto a la mexicana, no sea que los españoles piensen que vamos a andar respetando impunemente el orden internacional, y en la que la autosuficiencia en hidrocarburos aplica a los productos gringos, pero no a los venezolanos, como demuestra ese barco estacionado en nuestras costas. Y es que el beis fue el deporte del teniente coronel Hugo Pajarito Chávez, conocido por la fuerza de esa recta, y del comandante Fidel Castro, que era, como nuestro Líder Supremo, un hombre Estado: llevaba la economía con el éxito que le conocemos, organizaba las operaciones militares en Angola desde La Habana, organizaba la crianza de vacas (le faltó tiempo: luego de reducir a la centésima parte el ganado en la isla, seguro que hubiera convertido a la Utopía en líder productor) y por si fuera poco era bueno para el deporte: para el básquet y también para el beis; hay foto con el Pajarito.

Súmenle al Benemérito Cuarto Bat de las Américas, y bueno: hasta los antiguos etarras que han venido de visita o de turismo revolucionario permanente, hasta los “discurseros de Podemos” que no conocen en Podemos, pero sí llegaron de España, país ajeno al beis donde los haya, sucumbirán a la pasión beisbolera. Ver hacer un swing a nuestro Supremo Líder es escultura en movimiento, es ballet (aunque con mallas menos ajustadas para honrar la investidura).

Nadie puede resistirse.