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Guasón

Guasón

Columnas jueves 10 de octubre de 2019 - 02:56

A una semana del estreno del Guasón de Todd Phillips, considero que es tiempo suficiente para sentarnos a hablar de ella de manera más elocuente, prudente, y menos llena de “hype”, del cual ha estado revestida desde el lanzamiento de su primer tráiler. Tenemos que ser honestos, Joker no es la obra magnánima que se cree que es.

¿De qué va Guasón ? Arthur Fleck es un payaso de profesión con evidentes problemas psicológicos, algunos le provocan ataques de risa incontrolable o alucinaciones. Fleck es un payaso venido a menos con sueños de ser un gran comediante, con la obligación de cuidar de su anciana madre, y que, un día, al dejar de recibir atención médica (medicamentos incluidos) y ser parte de la burla a nivel nacional por parte de su ídolo televisivo, lo termina por empujar al rencor y el dolor que carga internamente, volviéndose el payaso macabro que todos conocemos.

Es agradable la entrega por parte de Phillips, pero sigue sin ser David Fincher, William Friedkin o Martin Scorsese, y esto resulta evidente: no hay sutileza, el guión se auto explica una y otra vez, justifica en demasía al payaso, y partiendo desde ese supuesto, podríamos perdonar a cualquier asesino y genocida si culpamos al gobierno, satanizamos a la gente rica, y consideramos que en nuestro entorno no hay una sola persona buena.

Homenajear una película no la pone al nivel de la misma. La interminable escalera de camino a casa de Fleck y la relación con su madre, recuerda al Exorcista y la escalera mortal, la relación del padre Karras y su madre moribunda, pero a diferencia de esta, en Joker la relación es maniquea y superflua, que busca la aceptación del público.

Las alucinaciones de Fleck, referencia directa al Club de La Pelea, pero Fincher no se corta, es inteligente a la hora montar su filme, y manejar a Tyler Durden sin miedo y por ello sorprendía tanto su final, aquí Phillips tramposamente nos avisa directo que Fleck alucina, y cada que esto sucede pone música y difumina la imagen. Ya no entremos en la locura de un personaje provocada por la sociedad y el sistema, que el ejemplo directo seria Día de Furia con Michael Douglas en donde sí hay personajes honestos (pocos pero hay) ni que decir que llamar a Joker la mejor actuación de Phoenix es ignorar convenientemente su papelón en The Master a cargo de P. T. Anderson: descerebrado, fracturado, incómodo, molesto e incompetente social.

Jocker se disfruta pero es un dulce a medias, complaciente con todos: sus actores, su público y su director. Por eso gusta tanto, porque entrega lo que promete a un público al cual decirle NO significa la máxima ofensa posible, no hay más que ver las respuestas a Martin Scorsese cuando declaró que no consideraba cine las películas de los Avengers.

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/CR

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