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Ha estallado la paz

Ha estallado la paz

Columnas viernes 25 de octubre de 2019 - 02:36

José María Gironella tituló al segundo libro de su trilogía sobre la guerra civil española y sus consecuencias: Ha estallado la paz.

Este volumen venía precedido por otro de nombre impactante: Un millón de muertos.


En México tenemos muchos muertos y la paz social no se atisba por ningún lado. Más aún, la violencia y la inseguridad se exacerban.

Para todos los que vivimos en México, desde el Presidente de la República hasta cada uno de los ciudadanos, resulta evidente el difícil momento de seguridad por el que pasamos. Cuando los muertos se cuentan por millares dentro de una estadística mensual o anual, algo no funciona en un territorio.

Encontrarse con connacionales cambiando de domicilio a otros países, representa en cierta medida un Guernica pasivo, metastásico e hiriente”.

Salir de tu propio país por vivir en la pobreza o en la inseguridad refleja una situación terrible. No en balde la pobreza y la inseguridad caminan por el mismo sendero.

La paz no debería ser una situación posterior a la guerra, sino el estatus habitual de un país desarrollado y rico culturalmente como el nuestro. La paz es condición y realidad, a la vez que consecuencia, pero no sólo consecuencia temporal de una deflagración.

El talante mexicano podría definirse en general como pacífico. Aunque la historia nos muestra legendarias huellas sanguinarias, la realidad es que no somos un país de carácter violento.

¿Por qué entonces vivimos y sobrevivimos inmersos en la violencia?

Supongo que el Presidente se lo pregunta todos los días; su gabinete de seguridad igual, los secretarios de Gobernación y Relaciones Exteriores otro tanto. Supongo que el Ejército se cuestiona continuamente cómo solucionar el problema.

Las causas de la situación por la que pasamos son multifactoriales: pobreza, narcotráfico, el negocio del armamento, corrupción, impunidad. El Presidente acierta en el enfoque y el ataque directo a la corrupción como cáncer que provocó la gangrena de lo violencia, pero no se decide a aplicar la fuerza del Estado para que reine la paz.

Parece un tanto contradictorio pero es real, la paz social se logra con la seriedad del Estado en la aplicación de la seguridad, la legalidad e incluso la fuerza. Los seres humanos hemos demostrado ampliamente con el paso de los siglos que necesitamos reglas, orden, respeto, exigencia, leyes, ética, premio y castigo.

Necesitamos que México recupere su vocación de paz. Todo país, aunque cueste reconocerlo, debe contar en la presidencia con un perfil de mando y de gobierno. Francisco de Asís fue un gran santo, pero puso normas estrictas con reconocimientos y castigos precisos a sus seguidores. Santo y hombre de gobierno, una buena combinación para un país como el nuestro y para que estalle la paz.

•Director de Extrategia,
Comunicación y Medios

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/CR

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