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Hay campos de concentración en la frontera

Hay campos de concentración en la frontera

Columnas viernes 19 de julio de 2019 - 02:26


Me gustaría que el título de esta columna fuera una exageración. Ojalá el lector pensara que el alarmante título responde a un truco para atraer lectores (el viejo click bait, en efecto), que me limitaría a cambiar el tema con ideas más matizadas. Me gustaría, en conclusión, que esta columna no tratara de lo que trata. Hay que decirlo tan claro como sea posible: los centros de detención de Donald Trump en la frontera norte son ejemplos de campos de concentración. Y no estamos hablando de ello.


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El 30 de junio, en Estados Unidos, fueron arrestados 30 activistas judíos a las afueras del Centro de Detención Elizabeth de la agencia Immigration and Customs Enforcemente (ICE) de Nueva Jersey. La razón para el arresto es simple: obstrucción de la entrada del estacionamiento de visitantes. El mensaje de la protesta también es fácil de entender: nunca más es nunca más.

Nunca más significa nunca más. Significa que estas palabras no son una promesa vacía, un slogan de comunicación que alguien ideó para vender entradas a los demasiados museos de la memoria que hay en el mundo. Nunca más significa nunca más. Nunca más podemos tolerar como sociedad un genocidio el abuso sistemático hacia cierto tipo de población perpetrada por un gobierno. Nunca más significa no quedarse cruzado de brazos ante el abuso de un gobierno contra las minorías de un país.

Este martes, al menos mil personas bloquearon las entradas de la agencia de ICE en Washington DC sin importar pasar las peores horas bajo el sol. 35 grados que parecen más en la humedad del pantano. Aunque probablemente no faltó el desmayado en esa protesta de martirio, la razón tenía un propósito. Irrumpir por un rato las actividades de ICE, la agencia encargada de llevar a cabo las detenciones arbitrarias donde son separadas las familias de personas sin los documentos necesarios para comprobar su estancia legal en Estados Unidos.

A lo mejor lograron poco: que las autorizaciones para nuevas redadas se retrasaran un par de horas, que la burocracia que regula la separación de niños de sus familias incumpla por una tarde su brutal labor. Detener, por el tiempo que sea posible, una historia que parece del pasado.

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No dudo que la historia pondrá bajo la lupa más adelante lo que hicimos durante los horrores de la violencia genocida que hoy separa familias a unos cuantos kilómetros de México. Según la Convención para la prevención y sanción del genocidio, el genocidio es un delito perpetrado con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso. La población afectada en Estados Unidos pertenece a grupos nacionales y étnicos claramente definidos.

No imagino que la separación arbitraria de familias no pueda ser considerada como un ¨intento parcial¨ de destrucción, según indica esta definición atroz.

¿Cuánto más va a pasar para que llamemos las cosas por su nombre? ¿Qué tiene que pasar para que el gobierno y la sociedad mexicana levanten la voz para protestar contra un abuso que tiene a decenas de miles de personas presas por el delito de haber sido forzado de huir de su país para buscar refugio? Entre los miles de temas que inundan la conversación pública, no estamos hablado lo suficiente de los campos de concentración que han instalado en la frontera norte de México.


•Especialista en comunicación pública.Tw: @Torhton

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/CR

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