Historias de princesas
Historias de princesas

Columnas viernes 15 de marzo de 2019 - 03:51


Las historias de princesas de la cultura popular occidental, culminando en los ideales románticos de Disney, no reflejan las realidades de las princesas del siglo XXI que se enfrentan a las mismas dificultades que la mayoría de las mujeres, aunque, en ocasiones, con presiones adicionales. Son mujeres sin hadas madrinas, ni lámparas maravillosas, expuestas a las estructuras y normas culturales de las sociedades en las que viven.

Por ejemplo, en abril la princesa Masako de Japón se convertirá en emperatriz cuando su esposo ascienda al trono. Masako se ha convertido en un símbolo del debate dicotómico que enfrentan las mujeres japonesas: elegir entre tener una carrera profesional exitosa o una familia. Esta princesa no necesitaba que la rescatarán; era una diplomática brillante que prorrogó su matrimonio, hasta que la insistencia fue inaguantable cuando cumplió treinta años. Siguieron las críticas por su “fracaso” para engendrar un heredero varón, críticas que afectaron directamente su salud por lo que estuvo recluida durante 15 años. Si bien ya se le ha visto fuera del palacio, este año la futura emperatriz japonesa tendrá de lleno un retorno al ojo y escrutinio público, y con ella la discusión respecto al papel de las mujeres japonesas tanto en la esfera doméstica, cuanto en la profesional.

Sheikha Latifa es otra princesa cuya vida no encajaría en los ideales romantizados. Hija del primer ministro de Dubái y con el millonario patrimonio de su familia, así como las lujosas excentricidades de la ciudad en el desierto, se hubiera esperado una vida de ensueño. Sin embargo, Latifa intentó escapar hace un año de Dubái, pero la capturaron al acercarse a India. A pesar de que la familia real declaró que había sido secuestrada, Latifa se había adelantado con un video pensado en que su historia se supiera en caso de fallar. En este video la princesa recuerda el encarcelamiento, aislamiento y torturas que sufrió como castigo durante tres años tras haber intentado escapar por primera vez cuando tenía 16 años. Actualmente, varios defensores de derechos humanos han intentado esclarecer la situación de la princesa que sólo reapareció hace un par de meses en fotografías con su papá y una de las esposas de éste, y con una apariencia que lejos de calmar las críticas ha levantado más sospechas.

Hay otros personajes femeninos—no sólo monárquicos—en la región que han ido rompiendo esquemas y contribuyendo a la metamorfosis de sus entornos de manera positiva. Estas dos princesas son espejos de los retos que enfrentan las mujeres en todo el mundo y, particularmente, las batallas locales en sus propios países. Sus figuras se unen a la lucha de las mujeres por conseguir equidad laboral, respeto a sus derechos y su autonomía, por no tener que renunciar a sus sueños y por poder vivir seguras.

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