Homenajes

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Columnas jueves 03 de octubre de 2019 - 02:24


En un viejo podcast de la Revista 5W, escuchaba a Xavier Aldekoa contar que en la Sudáfrica postapartheid los músicos negros tenían, por ley, ventaja sobre los blancos para escalar posiciones en las audiciones, y que, ante los reproches de algunos de los rezagados, un violonchelista negro se defendía diciendo que «él tenía que ensayar con una escoba en su casa, donde nadie sabía quien era Mozart o Beethoven». ¿Debe valorarse por igual la obra de alguien que se impuso a un contexto adverso a la del que tuvo un camino más o menos asequible?

Que Karen Uhlenbeck se haya convertido hace algunos meses en la primera mujer en ser condecorada con el premio Abel (el “Nobel” de Matemáticas) es una hazaña histórica. No solo por lo que supone el galardó n, sino por haber sepultado el mito del «genio barbudo abstraído», como reflexionaba Manuel Ansede.

Luego de la masacre de Christchurch, que emergiera alguien como Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda y progresista consumada, mostrando una sensibilidad y empatía inusual hacía las víctimas de una minoría étnica que representa apenas algo más del 1 por ciento entre un total de 4,2 millones de habitantes, reivindica, de cierta manera, la figura del líder político contemporáneo ante el ascenso meteórico de la ultraderecha.

A finales del año pasado, en una mesa con Leila Guerriero, Ignacio Escolar y Jaime Abello, se hablaba de que para contar historias hacían falta buenos cazadores y buenos cocineros. Luego de que Escolar, a propósito de cazadores, profundizara sobre un sugerente modelo de suscripciones que ha transformado el periodismo de investigación en España, Abello, director de la Fundación Gabo, aprovechaba su intervención para advertir que Guerriero, seguramente la gran bandera de la crónica latinoamericana, era la única periodista que era tan buena cazando como cocinando.

Montar revoluciones en Twitter puede llegar a crear conciencia, pero hablar de Karen Uhlenbeck en las sobremesas como si se hablara de fútbol, evocar cierto espíritu churchilliano en Jacinda Ardern y leer con fervor religioso a Leila Guerriero cada miércoles en la contraportada de El País, se parece mucho más a un homenaje.

•Lector, viajero y prospecto de escritor.
Dormí en el Wadi Rum y contemplé el rostro
imperturbable de la gran esfinge en la meseta
infinita de Giza. @Ricardo_LoSi

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/CR

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