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Humanismo mexicano

Humanismo mexicano

Columnas viernes 21 de junio de 2019 - 02:33


Estos 200 días de un nuevo estilo de Presidencia nos han traído certidumbres e incertidumbres. La certidumbre sobre una continua incertidumbre parece inundar todos los ambientes. Asistimos a muchos cambios difíciles de asimilar tanto por su carencia de lógica económica, como por estar acostumbrados a otro estilo de gobierno.

Superar un status quo corrupto y decadente siempre será positivo, pero sobrepasarlo de manera incierta sólo puede contribuir a la desconfianza.

Somos un país en plena crisis de seguridad, en una catástrofe sanitaria y en una desprotección de la inversión.

Los signos no pueden ser más oscuros para nuestra decimoquinta economía mundial que siempre ha contado con los ánimos de crecer y mejorar.

Por encima de una situación económica complicada, estamos en una crisis de descomposición social, que se demuestra en la cantidad de muertes, secuestros, robos, actos de corrupción e inconsistencias de todo tipo. Quisiéramos hacer un recuento distinto de la realidad, pero ante los hechos no caben argumentos.

Basta salir unos días del país para encontrarse a muchos connacionales que han huido, textualmente, por la falta de seguridad que campea en el país. El miedo se está apoderando de las calles y de las casas. Las denuncias que los medios de comunicación, particularmente la televisión, han propuesto al respecto no parecen haber logrado un ámbito de justicia y Estado de Derecho. Las estadísticas se presentan demasiado elocuentes. La violencia y la inseguridad lejos de contenerse: aumentan.

La bandera de la lucha contra la corrupción enarbolada por el nuevo Gobierno, debía venir protegida por un Estado de Derecho esencial que protegiera a los individuos, a las familias, a los grupos sociales, a las empresas, al país en su conjunto. Sin embargo, la corrupción no se ha superado. Apenas si se han depurado algunos proyectos cargados de corrupción, pero dejando de lado la seguridad del día a día.

La creación de un cuerpo de seguridad como la Guardia Nacional no será una solución real. Necesitamos mucho antes que todo eso: generar una cultura, un humanismo, una convicción de cambiar de raíz nuestra forma de ser y proceder. En un país donde los amparos vuelan a diestra y siniestra, no se puede pretender superar la impunidad. En un país donde los procesos judiciales, incluidos los de extradición, no se realizan adecuadamente, no se puede esperar una estabilidad social.

Hemos tratado de superar todas las situaciones y crisis que se nos han presentado a lo largo de la historia. La Cuarta Transformación consta de más idealismos que realidades. Desde el año 2000 pensábamos que la alternancia democrática nos traería los vientos de cambio real que necesitábamos. Pero los vientos no han logrado mover las velas del barco. Hace falta un auténtico huracán que traiga un humanismo mexicano de profundo calado que transforme el país en serio.

Qué haya Cuarta Transformación, pero en serio, sin cosmética.

•Director de Extrategia,
Comunicación y Medios

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/CR

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