Independencia: “patria que no existía”

Independencia: “patria que no existía”

Columnas jueves 12 de septiembre de 2019 - 03:55


Cuenta la historia que, al ser apresados, nuestros padres fundadores, Hidalgo y Morelos, fueron sometidos a juicio y declarados culpables en dos jurisdicciones: la militar y la eclesiástica. Por la militar, la causa fue “¡Alta Traición!” y los vejaron y fusilaron arrodillados, de espaldas y vendados. En la canónica, la sentencia fue terrible: “¡Herejía!” y los degradaron retirándoles el poder de oficiar su ministerio. Para ello, con una legra de plata les arrancaron la piel de la palma de las manos. Les negaron además los santos óleos, murieron sin los sacramentos y excomulgados.

Según Krauze, Hidalgo había hecho la única revolución que en sus circunstancias podía hacer: una guerra de castas, una guerra agraria, una guerra política, y, sobre todo, una guerra santa; un incendio teológico que solo quería liberar a los indios de la ominosa postración económica, laboral, social y, sobre todo, humana.

Dice Krauze que México nació en verdad de la costilla de aquel hidalgo con nombre de arcángel que, en un acto emblemático —un grito— emitido en un lugar emblemático —Dolores— arrasó tres siglos de orden y oprobio virreinal con la tea de su frenesí libertario. Justo Sierra llamó a Hidalgo el mexicano supremo de la historia, ante quien palidecían todos los otros caudillos de la Independencia: “Su propósito se lo dictó el amor a una patria que no existía sino en ese amor; él fue, pues, quien la engendró; él es su padre, es nuestro padre”. Ignacio Ramírez, el nigromante, escribió: “Los mexicanos no descendemos del indio, tampoco del español, descendemos de Hidalgo”.

Por su parte, Morelos realizó un gran aporte a la lucha: introducir un cuerpo altamente original de argumentos ideológicos que la legitimaron, un alegato moral que incluyó prescripciones plenamente modernas de justicia económica, política y social. Con el Siervo de la Nación, el ideal de igualdad dentro del país cobró tanta importancia como el ideal de libertad nacional respecto de España (Krauze).

El generalísimo alegó, con razón, que a un reino conquistado le era lícito reconquistarse y no obedecer a su rey, cuando fuera gravoso en sus leyes insoportables…

Además de sus extraordinarios Sentimientos de la Nación, Morelos le dio al país su primera Constitución republicana, la de Apatzingán. “La nación”, dijo Lorenzo de Zavala, “parecía tomar una existencia que no tenía”.

A unas horas del grito, reflexionemos sobre los padres de la patria. Brindémosles nuestra atención y remembranza en medio de la batahola del aniversario de una incandescencia libertaria que estos héroes inmarcesibles soñaron e iniciaron y que hoy se llama México. Piense en estos altos espíritus sempiternos este domingo 15 por la noche; en verdad nos dieron patria y libertad, y su vida, obra y muerte nos obligan a estar a su altura en estos tiempos de renovada transformación. Merezcamos su sacrificio.

•gsergioj@gmail.com
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/CR

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