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La 4T no existe (con sus pulsiones autoritarias)
La 4T no existe (con sus pulsiones autoritarias)

Columnas jueves 28 de marzo de 2019 - 02:50


Hay que tener cuidado al nombrar las cosas. Nadie en su sano juicio llamaría en el habla diaria a los gatos gorriones ni a los patos camiones. Las equivocaciones que causarían los cambios arbitrarios de sentido serían tan inevitables como desastrosas.

Aunque cualquiera hablante del idioma puede advertir el riesgo que tiene nombrar las cosas equivocadamente, no deja de sorprender que un término tan engañoso como el de la “cuarta transformación” se haya puesto de moda entre la bien pensante opinión pública. Es cierto que el nuevo Gobierno ha concentrado sus instrumentos de poder en promover las siglas 4T como una marca identificable entre medios de comunicación cada vez menos críticos. Pero todos sabemos que una mentira que se repite mil veces no se vuelve verdad. La farsa de repetir este término tan sólo busca esconder la falta de sentido de llamar transformación a algo que no es más que una nueva administración. Con ello encubrimos una mentira piadosa y contribuimos a la lenta destrucción del patrimonio democrático de México.

Tal vez los más devotos del nuevo Gobierno agradezcan la claridad en el propósito de ser algo más que una administración: una “cuarta transformación”, heredera de personajes tan diferentes como Juárez, Madero y Cárdenas. El dudoso argumento que la inaugura supone que las buenas intenciones del nuevo Presidente bastan para compararse con estos personajes. Se olvida que esta inconexa interpretación de la historia no es más que un lugar común. Apenas el sexenio pasado, el entonces mandatario inició su gobierno con la promesa de transformar al país con las nuevas intenciones de un viejo partido. El término “cuarta transformación” repite una mentira muchas veces contada ya.

Acaso los menos devotos del nuevo Gobierno teman de la 4T sus tendencias antidemocráticas. Tienen razón al pensarlo. En el término “cuarta transformación” comienza la erosión de los principios democráticos. No se olvide que una democracia es precisamente lo opuesto a una transformación radical. La base para que una democracia funcione son los contrapesos al gobierno. Ellos garantizan que ningún cambio abrupto robará a los ciudadanos la posibilidad de elegir libremente a sus representantes. La 4T desecha este principio alreemplazar la diversidad de la ciudadanía mexicana por un imaginario pueblo uniforme que lo guía todo (aunque sólo el Presidente es capaz de entenderlo). Según esta visión, todo lo que se opone a ese pueblo imaginario merece ser ignorado, humillado o perseguido. Las tendencias antidemocráticas inician con el nombre y hacen pensar que la cuarta elección democrática en México puede convertirse en la última.

Nuestra democracia se debilita cuando usamos mentiras triunfales para nombrar las cosas. En realidad, no hay una “cuarta transformación” de nada. El término es una máscara para las pulsiones autoritarias de una administración sin intenciones de dejar el poder. La 4T no existe (con sus pulsiones autoritarias)

•Especialista en comunicación pública.
Tw: @Torhton

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/CR

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