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La Cancillería y el FBI

La Cancillería y el FBI

Columnas martes 06 de agosto de 2019 - 03:16


En 2018 el FBI detuvo, en Estados Unidos, a 150 personas relacionadas con terrorismo doméstico. Sólo nueve fueron llevadas a juicio. Las clasificaciones delictivas complican la acción de las autoridades y por ello optan por catalogarlos como de crímenes de odio.

La mayoría de los casos están relacionados con organizaciones de “supremacía blanca”.

Para los fiscales representan un verdadero dolor de cabeza, porque los inculpados suelen tener apoyo de sus comunidades y de una cultura bastante permisiva con las armas y la violencia.

Hace unas semanas, Christopher Wray, señaló que “nosotros, el FBI, no investigamos la ideología, no importa cuán repugnante sea. Investigamos la violencia”.

Sabe de lo que habla, porque es el director de la mayor agencia de investigación en Estados Unidos y porque tiene a su cargo evitar la expansión del terrorismo, doméstico o internacional.

El problema es que no tiene mucho margen de anticipación porque muchos de los crímenes de odio son perpetrados por lobos solitarios, que se activan en foros de internet y que participan desde su privacidad en la alimentación de las fobias contra lo distinto.

Es lo que ocurrió con Rob Bowers, quien atacó una sinagoga en Pittsburg, causando nueve muertes.

Las acusaciones contra Patrick Wood Crusius, el autor del ataque en El Paso, Texas, en que murieron 20 personas, si se configura el delito de terrorismo, pueden significar un parteaguas y abonar a sanciones más estrictas por conductas que superan el crimen de odio y que se insertan en mecánicas mucho más complejas y en las que existe la intención de dañar a personas por su aspecto, color de piel o nacionalidad.

Esto es lo que quiere el canciller Marcelo Ebrard, quien anunció que ya se trabaja en lograr que el asesino sea inclusive extraditado a nuestro país.

Esta posición abre el abanico y permitirá tener una amplia cantidad de opciones para mostrar que México no está dispuesto a tolerar que se asesine a sus ciudadanos en Estados Unidos y que para ello utilizará todas las herramientas institucionales y diplomáticas a su alcance.

Es una forma de dar la cara frente al discurso de intolerancia promovido por el propio Donald Trump y por los grupos radicales que lo acompañan en su cruzada contra la migración.

El propio Trump condenó la masacre en El Paso, porque sabe que se rompió una frontera, que se escaló en la violencia y que ello puede resultar un bumerang para sus aspiraciones releccionistas.

En el fondo, lo entienden en el FBI, hay una línea muy tenue entre los delirios ideológicos y el paso a la acción.

Ojalá que las muertes en El Paso no sean en vano y que los responsables de atender la situación lo hagan con la presteza e inteligencia requerida.

•Twitter: @jandradej

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/CR

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