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La Casa Blanca y su error persistente

La Casa Blanca y su error persistente

Columnas martes 03 de septiembre de 2019 - 02:17

El error más grave de Enrique Peña Nieto fue aceptar que su esposa comprara una casa en las Lomas de Chapultepec que era propiedad de uno de los contratistas más favorecidos por su gobierno.

Era noviembre de 2014.

La Casa Blanca se convirtió en una loza para su administración y propició el inicio de su derrumbe, el que comenzó con los hechos ocurridos en Iguala, en septiembre del mismo año, y con la consiguiente desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa.

La adquisición definitiva de propiedad nunca se concretó, pero su fuerza destructiva sí. Dos años después, en julio de 2016, ya con la conclusión de las indagatorias de la Secretaría de la Función Pública, el presidente ofrecería disculpas a la sociedad, al término de una reunión del Consejo Nacional de Seguridad realizada en Palacio Nacional.

En el salón Tesorería, el primer mandatario dijo: “Este asunto, me reafirmó que los servidores públicos, además de ser responsable de actuar sobre derecho y con integridad, también somos responsables de la percepción que generamos con lo que y en esto reconozco que cometí un error”, dijo el presidente Peña Nieto y añadió que en carne propia sintió “la irritación de los mexicanos y por eso, con toda humildad, les pido perdón”.

Aquello ya fue tardío y no tuvo efectos mayores, como no fuera los de reavivar el tema por unos días, pero puso en claro que las avaluaciones eran duras y que se conocía la expansión y los efectos de aquella historia.

Y es que la Casa Blanca alimentó las leyendas, la mezcla de verdades y mentiras sobre la corrupción de los hombres en el poder.

En los Anexos del Primer Informe del Presidente Andrés Manuel López Obrador se consigna que la SFP presentó una denuncia por la Casa Blanca, sin precisar su alcance ni quiénes pudieran ser los responsables, pero no se necesita de mucho conocimiento para imaginar por dónde puede caminar el asunto.

Como quiera que sea, Peña Nieto tendrá que enfrentar, de nueva cuenta, la vorágine de un asunto del que nadie puede salir bien parado porque, en efecto, la percepción mata cualquier argumentación.

Es un as bajo la manga para el propio López Obrador, porque pudiera servir para apuntalar el discurso del combate a la corrupción.

Su viabilidad en tribunales puede ser dudosa o endeble, porque ya hay resoluciones favorables que señalan que el expresidente no cometió falta, pero en pocas ocasiones se trata de procurar o mucho menos de administrar justicia.

Pero ante este contexto, un segundo error de Peña Nieto, al menospreciar lo que está ocurriendo, le puede salir más caro que aquel noviembre en que se le vino el mundo encima.

•Twitter: @jandradej

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/CR

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