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La Medea del siglo XXI

La Medea del siglo XXI

Columnas viernes 21 de junio de 2019 - 02:52


“Pensaría que aquí en un pueblo olvidado de México, hacer un trato es como tirar piedras al río para descalabrar pescados”.

Y es que envueltos en promesas, qué pesa más; ¿las pasiones o la palabra?

Cientos de discursos, lisonjas y juramentos motivados hacia un fin, el cumplimiento de las pasiones. La influencia de los deseos en un ambiente prometedor para alcanzar el poder, el amor o la simple conservación del ego herido.

Medea muestra el declive de la razón humana, impulsada por sus arrebatos de ira y el dolor de la traición. En una adaptación del clásico universal de Eurípides, esta obra de la trilogía de la invasión griega, profundiza en los alcances del engaño y la mentira.

La puesta en escena dirigida por Mauricio García Lozano, se desenvuelve desde un escenario polvoriento en Tlaxcala, donde Medea, enamorada de Jasón, asesina a su hermano e inicia su peligrosa aventura de amor y desdicha.

Dentro de este decadente entorno, cientos de mujeres se ven embaucadas en el sueño de Jasón y Medea, alcanzar el prestigio y la fortuna mediante la explotación de una cadena de prostitutas que la protagonista toma bajo su cuidado y que van sirviendo como narradoras de su historia.

En un sueño que inicia desde un empoderamiento mutuo, Medea se va apagando poco a poco por la ambición de Jasón, quien en su ardiente deseo por sobresalir, nos muestra la vileza del hombre con la finalidad de capitalizar sus más repugnantes aspiraciones.

Éste es quizá el mensaje más poderoso de la obra, pues al predominar el ego de ambos, las promesas, el amor y su familia, se desvanecen para dar paso a la tragedia.

El texto de Antonio Zuñiga es impecable, pues fluye sin problemas en una adaptación que incluye la pobreza, desesperanza y el abuso de las mujeres de la calle. Fuertes problemáticas de México surgen en un desarrollo justificado, con la introducción del texto original.

Por su parte, el elenco se desenvuelve con fuerza e intensión, así como las actuaciones de Ilse Salas y Aída López, que le proporcionan una tensión constante a la obra, permitiendo cautivar la atención del público.

Es interesante destacar el uso actual de obras antiguas, así como la presencia de premisas y temáticas previas, en donde las pasiones son atemporales.

¿Será que la imitación de la naturaleza humana y los excesos emocionales, despiertan nuestra verdadera esencia?

Probablemente en este país todos somos Medea, envueltos en promesas de cambio, sujetos a los juegos de poder y traicionados por ideologías cambiantes.

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/CR

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