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La UNAM descifra la formula perfecta de las noticias falsas y su gran éxito

La UNAM descifra la formula perfecta de las noticias falsas y su gran éxito

Entornos domingo 28 de octubre de 2018 - 17:44


No existe una diferencia especifica entre lo que históricamente se conoce como propaganda y las noticias falsas: son un modo de modificar la opinión de una persona o grupo social al presentarle información imprecisa, incorrecta o exagerada

Las noticias falsas siempre han existido, pero en la actualidad se ha acelerado su proceso debido a la accesibilidad de la información, la hiperconectividad y la facilidad de su publicación. Ahora todo es rápido, sencillo y simple, esto suceda por que la tecnología es veloz que los métodos para verificar la validez de la información, su origen, fuente y responsabilidad, entre otros aspectos, ya no son asumidos o aplicables, indicó Fabián Romo Zamudio, director de Sistemas y Servicios Institucionales de la Dirección General de Cómputo y de Tecnologías de Información y Comunicación (DGTIC) de la UNAM.

Esto ha impactado en los jóvenes, pues el rápido acceso a la información es como las fiestas en las que un invitado convoca a otros 100. Aquí ocurre lo mismo: alguien comparte una noticia y uno de sus contactos también, porque cree en esa persona y considera cierta la información.

En estas situaciones, dijo Romo Zamudio, es fundamental no caer en suposiciones. “Suponemos muchas cosas, y hacerlo no significa tener los datos válidos. La tecnología no es mala por naturaleza, lo malo es cómo la usamos”.

Ricardo Trujillo Correa, de la Facultad de Psicología (FP), interpretó desde las ciencias del comportamiento las fake news: “No son un fenómeno nuevo; son una forma de modificar el pensamiento de un grupo social”.

No hay diferencia clara entre lo que históricamente se conoce como propaganda y noticia falsa: un modo de modificar la opinión de una persona o grupo social al presentarle información imprecisa, incorrecta o exagerada.

La única manera de controlarlas, resaltó, es proporcionar siempre información precisa y adecuada, pues eso contrarresta la intencionalidad. “La gente ha perdido la credibilidad en los medios tradicionales y se la atribuye más a los no tradicionales; no le parece válida la información si la transmiten por televisión, pero si aparece en Facebook o en Twitter, le otorgan credibilidad”.

Compartir una noticia falsa o darle “me gusta”, son actos emocionales porque se activan nuestros instintos más primitivos, como mecanismo de defensa, alerta, aunque no sea directamente hacia nosotros, sino a alguien de nuestro grupo social.

Algunas formas de saber que son falsas es tener claro que “siempre habrá alguien que invente algo”, los especialistas recomendaron ser escépticos para reducir su impacto, poner en duda, cuestionar cualquier información que se lea, sin importan quien la comparta.

Antes de creerlas, verificar en medios creíbles (medios de comunicación establecidos y canales institucionales) las noticias que se reciben a través de las redes sociales.

No acelerarse. “Hay que tener paciencia y serenidad para analizar la información y no caer a la primera”. Y no transmitir, ni reproducir sin tener antes una validación.

Con información de UNAM
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/CR

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