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La azarosa identidad mexicana

La azarosa identidad mexicana

Columnas martes 17 de septiembre de 2019 - 02:01

Se han escrito varios ensayos para resolver la cuestión de qué es lo que nos hace ser mexicanos. Entre los más conocidos están El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, Radiografía del mexicano, de Roger Bartra, y México profundo de Guillermo Bonfíl. El mestizaje es uno de los temas más polémicos y azarosos. La idea de que la cultura del mexicano está hecha con lo mejor de la fusión entre dos culturas, se contrasta con la atmósfera de una sociedad donde priva la discriminación por la piel y la etnia.

Algo que comparten los países latinoamericanos es que la riqueza y las oportunidades están acaparadas por élites, en su mayoría blancas. En nuestro continente los factores raciales tienen mucho peso en las desigualdades.

El nacionalismo es la manera en que los estados promueven en los ciudadanos la conciencia de pertenecer a las instancias de poder que gobiernan sobre un territorio.

En México el discurso de la identidad nacional cobra importancia con el liberalismo. Los grupos dirigentes (criollos, principalmente) consideraban necesario fomentar la integración nacional para llegar al progreso. Un obstáculo para ese objetivo tenía que ver con la cultura del bajo pueblo, la plebe. Durante el porfiriato a los grupos populares se les acusaba no solo de flojos y atrasados, también de viciosos, inmorales, peligrosos y hasta de portadores de enfermedades. Ricardo Pérez Montfort en su ensayo El pueblo y la cultura. Del porfiriato a la revolución, dice que antes de la revolución la manera de describir las costumbres y los rasgos del pueblo estaba llena de prejuicios y desprecio. Por ejemplo, al mole, que ya era un platillo común, se le describía como un guiso no saludable ya que esa mezcla de ingredientes era considerada excesiva y de mal gusto.

Los famosos intelectuales positivistas, incluido Justo Sierra, creían que el pueblo tenía que transformar sus costumbres, abrazar la razón y la civilización, para llegar al desarrollo moderno. Eso incluía también el mejoramiento de la raza, mediante el mestizaje. Fue a partir de la década de los años veinte que la cultura del pueblo comenzó a ser reivindicada. Es cuando surge el concepto de arte popular para revalorar algunos objetos artesanales cotidianos de las industrias manuales y étnicas. Muchos de ellos perdieron sus funciones originales, sirvieron de propaganda estatal y como decoraciones adquiridas por las clases opulentas y el turismo.

El orgullo por la esencia de la identidad del pueblo mexicano, fue un proceso dirigido principalmente por las élites quienes seleccionaron algunos elementos del pueblo para respaldar ideológicamente al Estado.

El punto es que ese bagaje folclórico que acostumbramos imaginar como la esencia vernácula de la identidad mexicana, en cierto sentido, son símbolos producidos desde la visión de las élites que a partir de algunos rasgos y costumbres tradicionales del pueblo, lo representaron con un idealismo romántico sin que ello significara una revaloración de sus modos de vida ni el fin de los prejuicios.

•Antropólogo y maestrante en Ciencias Sociales.
Analista del arte contemporáneo, la cultura popular y
las culturas contrahegemónicas en América Latina.
@ecoamarillo

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/CR

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