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La capitana y la jueza

La capitana y la jueza

Columnas lunes 15 de julio de 2019 - 01:39


Nos despertamos con la nota que anuncia la intención del presidente Donald Trump de iniciar redadas contra migrantes indocumentados, fundamentalmente hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y mexicanos. “Los vamos a sacar por miles” dice. Las razias se concentrarán en las llamadas ciudades santuario, así conocidas por que sus alcaldes tratan más amigable o menos discriminatoriamente a los migrantes: New York, Chicago, Los Ángeles, San Francisco.

Se avecina, pues, el agravamiento del conflicto entre autoridades del orden federal norteamericano, como el servicio de inmigración y aduanas (ICE) y los gobiernos municipales de estas ciudades.

Tanto el alcalde De Blassio de Nueva York, como el de Los Ángeles, Eric Carcetti, entre otros, han salido al paso de Trump y del jefe interino del ICE quien ha dicho que está listo para cumplir con su misión “que es ir a buscar, detener y luego deportar a más de un millón de migrantes ilegales.”

El desconocimiento de la tragedia humanitaria que entraña la migración, el extrañamiento del otro y su representación como indeseable, la construcción del enemigo migrante, el sometimiento del Gobierno de México a su política xenófoba y la militarización de las fronteras son las banderas electorales de Donald Trump. Las consecuencias que esta política de la exclusión, de extrema derecha, tendrá sobre las personas y sus familias serán tan graves que es muy probable que se llame a la desobediencia civil, con éxito.

Y a la aplicación de lo que en derecho penal se conoce como “estado de necesidad justificante”. Esta figura acontece cuando dos bienes jurídicos de diversa valía entran en colisión. Ante un conflicto así, el derecho permite que se sacrifique el bien de menor valor para salvar al de mayor entidad.

El mejor ejemplo de la aplicación de este principio (dejó bien en claro que sí hay jueces en Italia) es la resolución de la jueza Vella, de Agrigento, que se opuso al ministro del interior de Italia y a la reglamentación xenófoba de su país, al liberar a Carola Rackette, la capitana del barco Sea Watch, que rescató a cuarenta migrantes en el mediterráneo y, luego de 17 días a la deriva, tomó la decisión de atracar en la isla de Lampedusa.

Carola fue acusada de “resistencia contra una nave de guerra y tentativa de naufragio” por haber chocado contra una patrulla de la guardia fronteriza, delitos por los que podía enfrentar más de diez años de cárcel.

La jueza Alessandra Vella aplicó una excluyente del delito: por encima de la seguridad de la nación, se encuentra el primerísimo deber de salvar la vida de las personas.

En entrevista reciente con el diario El País, la capitana Carola Racquete, respondió a la pregunta de si Italia se ha vuelto, o no, racista: “El futuro nos dirá dónde va Europa, pero los que están en medio, en silencio, deberán alzar la voz. La gente que no se ha significado deberá posicionarse y tendremos que ponernos de acuerdo en que la vida de la gente vale lo mismo, independientemente de donde venga”.

•Excomisionado Nacional de Seguridad: @Ley13091963

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/CR

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