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La ceremonia del adiós

La ceremonia del adiós

Columnas lunes 30 de septiembre de 2019 - 00:20

El primero de septiembre de 2019 se cumplieron 80 años de la invasión alemana de Polonia, dando inicio al conflicto más grande en la historia de la humanidad, mejor conocido como la Segunda Guerra Mundial. En México, no hubo grandes mesas de discusión, publicación de libros con perspectiva mexicana sobre el tema, revisiones de la participación de nuestro país en el conflicto, análisis en programas de radio y televisión, números especiales de las revistas culturales, suplementos periodísticos.

Se puede voltear al mundo y observar las semillas del odio que originó la Segunda Guerra Mundial.

Europa no escarmienta. Como si dos sangrientas guerras no le hubieran enseñado nada, en lugar de fortalecer instituciones, vuelve a confiar su destino a hombres carismáticos, racistas, prejuiciosos y divisivos. Siempre son hombres, pues el fascismo viene de la mano del machismo. El germen del fascismo en ciernes, como ha señalado en un perturbador libro reciente la ex secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright. Las dos veces anteriores, Estados Unidos tuvo que entrar en auxilio de la civilización y rescatar a los europeos de su propia barbarie. Esta vez no sucederá, por la sencilla razón de que Estados Unidos se hunde bajo el peso de sus propios problemas. La democracia liberal en peligro mortal incluso en los países que fueron sus pilares: Estados Unidos y el Reino Unido, donde el Primer Ministro se quiere portar como dictador caribeño.

La democracia liberal no fue derrotada por un ejército extranjero, sino por el peso de las desigualdades, contradicciones, problemas económicos y sociales desatendidos por gobiernos desconectados de sus poblaciones. La increíble insensibilidad y estupidez de las elites occidentales, a la espera de que las cosas se resuelvan por sí mismas y todo vuelva a ser como antes. Desprovistas de autocrítica, sienten que merecen regresar porque sí. Desde luego no será así.

Los países periféricos contemplan el ascenso de China, que no comparte los valores ni el aprecio por la libertad política de Occidente. Con desempeño económico muy superior al occidental y sacando a millones de seres humanos de la miseria, empieza a proyectar la autocracia como un modelo atractivo para los políticos autoritarios y corruptos del Tercer Mundo. No obstante, la historia de la Postguerra también demuestra que pueden surgir liderazgos nuevos y más sensibles a las necesidades de justicia de sus poblaciones para garantizar la estabilidad del sistema internacional. Esperemos que esa parte de la historia se repita.

Aquí me despido de ContraRéplica, luego de poco más de 200 artículos. Agradezco a Rubén Cortés la invitación y la confianza en un servidor. A los propietarios del diario mi agradecimiento también.

Mi testimonio de gratitud mayor es para usted, por acompañarme de lunes a viernes en este espacio.

Como dice mi amigo Julio Hubard, vamos a equivocarnos en otra parte.

•Internacionalista y analista político:
@avila_raudel

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/CR

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