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La cloaca neoliberal chilena

La cloaca neoliberal chilena

Columnas martes 26 de noviembre de 2019 - 03:06

Ya no es un secreto para nadie que América Latina ha cobrado nueva relevancia, ya como región, para analizar el fracaso económico e ideológico del neoliberalismo instrumentado con la quiebra del Estado de Bienestar, en la década de los 70. Al menos no debería serlo para los gobiernos y los estudiosos; los organismos financieros internacionales, los banqueros y los economistas Paul and Shark son un poco más necios. Ellos no se retractarán hasta ver todo en llamas. Cuando eso suceda, dirán que ya lo habían advertido, y que el problema estuvo en nosotros, los seres humanos de cuarta, que no supimos aprovechar sus modelos económicos de primera. Así es esto.

Uno de los procesos que está resultando más delicado es el caso chileno, por dos motivos. En primer lugar, porque el país logró sostener una imagen internacional de prosperidad y combate a la pobreza durante las últimas décadas, y es claramente uno de los alumnos más destacados del seminario neoliberal. Todo lo hizo como debía. O eso parecía. Salieron a la luz los créditos impagables de una generación entera que aún trabaja para saldar su deuda educativa. Su clase política es un reflejo de la visión gerencial del gobierno y del Estado. El presidente Sebastián Piñera es uno de los 10 hombres más ricos de Chile. Otra vez, pensar que el hecho de que alguien sea bueno para hacer dinero lo hace también bueno para repartirlo, es una fantasía común.

Luego de varias semanas, el Estado completo chileno ha visto erosionada su legitimidad hasta el punto de ofrecer una “Nueva Constitución” y que a nadie le importe. Su más reciente maniobra para intentar recuperar algo de gobernabilidad es un decreto del Congreso que le baja a la mitad el sueldo a todos los altos funcionarios de todos los poderes. Eso sólo pasa en la política. En ningún otro rubro de la actividad humana, creo, se tomaría como una solución, para una organización que ha hecho mal su trabajo, que se le baje todo “a la mitad” como incentivo de nada. Más bien invitaría a pensar que hacen falta mejores perfiles, no los mismos o peores, buscando negocios porque ahora ganan menos.

Pero en las democracias representativas actuales es lo más natural. Nuestra racionalidad, como ciudadanos, no es constructiva sino retributiva. “¡Qué bueno, que se chingue!” aunque eso no resuelva problema alguno. Aunque la humillación no sea para los verdaderamente poderosos, que viven de negocios y no de su sueldo. Aunque la medida oculte la falsa apreciación de todos (incluyendo los legisladores y presidente) de que el gobierno es una actividad que no merece ser pagada. Aunque el problema del modelo lo hayan provocado capitales transnacionales que, seguramente, estarán en muy buenos términos con los nuevos gobiernos. Suelen estarlo.

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/CR

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