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La daga en el corazón
La daga en el corazón

Columnas jueves 16 de mayo de 2019 - 02:27


Durante los años setentas el llamado cine de explotación tuvo un renacimiento alrededor del mundo, ya que su nacimiento fue propiamente en los años veinte. Este cine está lleno de particularidades como la –evidente por el nombre- explotación de la violencia, y la violencia sexual, parafilias, perversiones, comportamientos extremos por parte del villano o agresor o de los protagonistas (sumisas, inocentes, impolutas) todo bañado de sangre y vísceras de ser posible.

En esa misma década, quedó establecido este género como cine de culto, principalmente por la ola de películas italianas en donde este género adoptó el nombre de giallo, que en su mayoría terminaba siendo cine de serie B, cine de poco presupuesto, actuaciones dudosas, y poca propuesta cinematográfica.

¿De qué va La daga en el corazón?

Anne (Vanessa Paradis demacrada hasta el cansancio) es una productora de cine pornográfico gay de mala calidad, que sufre depresión y está a nada de convertirse en una alcohólica empedernida debido a la ruptura amorosa que acaba de sufrir con su ex pareja Lois, quien también trabaja con ella como su editora.

Después de diez años de relación, esta ya se ha desquebrajado, para Anne, todo se complica, puesto que no solo tiene que lidiar con sus problemas sentimentales y con el alcohol, tanto ella como su equipo de producción están siendo el blanco de los ataques violentos de un asesino serial de homosexuales.

Se estrenó en 2018 en el festival internacional de cine de Cannes, y se quedó con las manos vacías; generó opiniones encontradas tanto en críticas especializadas como del público en general.

A este tipo de cine hay que entrarle con cuidado y no es para cualquier tipo de público, el cine de explotación resulta incómodo per se.

La daga en el corazón resulta incómoda – esa es su función- pero también está mal escrito, los motivos de nuestros personajes nunca son claros, la investigación policiaca sirve de poco, los motivos para que nuestro personaje principal se adentre en la búsqueda del asesino son por demás irrisorios y se sostienen con alfileres uniendo los sueños oníricos casi proféticos de la protagonista, lecturas de mano, de aves ancestrales e incluso de la mutación de un hombre a reptil, en serio, hay un hombre reptil en la trama.

El director francés Yann González hace un homenaje decente – o aquí si entraría la palabra indecente- al giallo italiano, si esa era su finalidad, la logra; pero no más, no propone y no hay un discurso, o un análisis sobre la depresión, sobre lo satanizado que estaba ser homosexual en los años setentas, la propagación del sida, no hay ningún personaje que no piense en sexo, y si los hay son torpes, tan torpes como su desenlace también sostenido con alfileres.


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/CR

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