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La defensa de la vida es una obligación
La defensa de la vida es una obligación

Columnas lunes 11 de febrero de 2019 - 00:46


El católico verdadero no es el que se adecua a la mentalidad de este mundo, ni a sus modas ni a lo que hoy se llama ser “políticamente correcto”, por el contrario, el cristiano auténtico es aquel que se impregna del evangelio y rema contra corriente, está en el mundo, como dice Jesús, pero no es del mundo, y esta fidelidad al Señor lo convierte en enemigo del mundo, por eso Jesús también advirtió: “Si me han odiado a mí, también los odiaran a ustedes”.

Esta reflexión viene a propósito por lo que está pasando en nuestro país, hay una clara y perversa intención del partido Morena y de lobbys internacionales auspiciados por la ONU de aprobar a nivel federal la despenalización del aborto, hacer legal lo que de suyo siempre será inmoral: asesinar a un niño inocente en el vientre de su propia madre.

Y junto con la legalización de este horrendo crimen, pretenden quitar la patria potestad de los padres de familia cuyos hijos menores de edad no necesitarán su aprobación para cometer esta abominación, así como la eliminación de la objeción de conciencia para los médicos que se nieguen a cometer este homicidio y la prohibición de los movimientos que defienden la vida.

El cardenal estadounidense Burke dirigió unas palabras que nos vienen muy bien a nosotros en este momento: ‘El testimonio más fuerte hay que darlo cuando la resistencia es mayor.

El diablo, obviamente, quiere desanimarnos, intenta sembrar la duda en nuestras mentes sobre la defensa pública de la vida humana. Y, de manera sutil, intenta que permanezcamos en silencio, acallar nuestra conciencia diciéndonos a nosotros mismos que estamos personalmente contra el aborto, pero que no tenemos que expresar nuestra fe y convicciones morales en público’.

De este modo, participar en los movimientos a favor de la vida constituiría, por un lado, una forma de superar la tentación diabólica y, por otro, el cumplimiento de una obligación moral que el cardenal sintetiza de este modo: ‘Somos ciudadanos de nuestro país y nuestro deber para la sociedad es ser testigos de la ley moral, que es el requisito previo para tener paz en nuestra vida común’.

Y cita los famosos principios no negociables enumerados por el Papa Benedicto XVI: la protección de la vida humana sagrada e inviolable desde la concepción hasta su extinción natural; la promoción de la familia natural, que nace del compromiso conyugal; la libertad de enseñanza (o el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos); y la defensa del bien común, que se fundamenta en el reconocimiento de que el Estado sirve a la sociedad, y no al revés. A eso y no a menos estamos comprometidos los cristianos si queremos ser fieles a Jesús.

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/CR

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