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La difícil creación de un acervo
La difícil creación de un acervo

viernes 22 de marzo de 2019 - 05:32


El Museo de Arte Carrillo Gil de la Ciudad de México se ha visto en la necesidad de echar mano de todas las prácticas existentes que le permitan incrementar su acervo, ante la carencia de un presupuesto exclusivo para estos fines. ¿Es factible conformar un acervo con estas limitaciones? ¿Cuál es el resultado?

Sonia Ávila

Entre 2014 y 2018, el equipo curatorial del Museo de Arte Carrillo Gil (MACG) gestionó la adquisición de 62 obras de 41 artistas. De estas, el 75 por ciento llegó por donación a través del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca). El 20 por ciento fue una entrega directa del autor. Sólo se compraron dos piezas con dinero del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), y dos más se sumaron a través del programa Pago en Especie de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Lo que coloca al sistema de retribución social de las becas del
Fonca como la principal vía para hacer crecer los acervos de los museos públicos, al menos en este caso.

Si bien es de conocimiento público que el INBAL carece de presupuesto para la compra de obras, e incluso que hace varios años no adquiere piezas con dinero propio, sorprende que en cuatro años sólo haya comprado dos: Notas para la gravedad y la gracia de Juan José Gurrola y Cute cube de Eduardo Abaroa. El resto llegó al museo por gestión de los curadores en turno —Guillermo Santamarina y Carlos Palacios— con el Fonca, dependencia que en los primeros meses de la administración de la secretaria de Cultura Alejandra Frausto Guerrero ha visto tambalear su estabilidad y la permanencia de sus programas.

También llama la atención que de 62 piezas sólo dos —fotografías intervenidas de Gabriel de la Mora— hayan entrado al museo a través del esquema Pago en Especie, considerado el principal método para que los recintos públicos se hagan de obras nuevas. “La mayoría de las piezas llegaron a través del Fonca, luego pondría el programa de donación voluntaria, y evidentemente las adquisiciones han sido esporádicas por cuestiones de recursos, pero de alguna manera es importante que el museo sigue adquiriendo obra a través de estas redes”, señala Anel Jiménez, parte del nuevo equipo curatorial del museo que en agosto próximo celebrará 45 años.

De la lista de artistas donantes a través del Fonca se encuentran Alejandro Almanza Pereda, Luis Felipe Ortega, Sandra Pani, Héctor Velázquez, Amor Muñoz, Manuela Generali, Magali Lara, Demián Flores, Mauricio Limón, Germán Venegas, Patricia Lagarde, Óscar Farfán, Taka Fernández, Gerardo Suter, Manuel Mathar, Alejandro Fournier, Edgar Ladrón de Guevara, Emanuel Tovar Andrade, Martha Pacheco, Santiago Borja, Gerardo Suter, entre otros.

En este caso, los artistas debieron ser becarios en alguno de los diferentes programas del Fonca para artes visuales, como el Sistema Nacional de Creadores de Arte, o Jóvenes Creadores. Si bien es obligación de los beneficiarios participar en los programas de retribución social, sólo pueden donar obra a un museo si el INBAL hace una solicitud para que el artista en cuestión, o varios, entreguen su trabajo. Esto significa que antes de que el autor proponga la cesión de su pieza, debió haber una negociación con el Instituto.

A través de un comité se decide si la pieza es viable para integrarse a la red de museos; en caso de tener un recinto ya específico para recibirla, se analiza la conveniencia para el discurso curatorial del mismo. Trabajo de negociación y análisis entre el artista, los curadores y el comité del Fonca.

En caso de concretar la propuesta y aprobarse la donación, los beneficiarios serán los responsables del embalaje, traslado y entrega de la pieza al INBAL. En muchos casos, son los curadores quienes están pendientes de la producción de los artistas beneficiarios de las becas para hacer la solicitud de una pieza con antelación. Así lo hicieron, por ejemplo, con el trabajo de Mauricio Limón, pues la colección del MACG no tenía ninguna de sus obras, o con las pinturas de Magali Lara, quien complementa la presencia femenina en el acervo.

“Estas incorporaciones —precisa la curadora— fueron curadas por Guillermo Santamarina y Carlos Palacios, q quienes evidentemente les preocupaba incrementar el acervo gráfico y el de algunos artistas que ya se encontraban en la colección, pero había que reforzar, como el caso de Magali Lara, que representa a las mujeres en la colección, o también Patricia Lagarde. Hay otros casos que no estaban en el acervo, y es importante tenerlos, como el de Mauricio Limón o Gabriel de la Mora, que por primera vez están representados por nuestra colección”.

Más donaciones, menos Pago en Especie

Tal vez uno de los procesos más extensos, pero exitosos, para el museo fue la donación directa del artista. En este caso, dice Jiménez, el mayor trabajo fue del curador que debió investigar qué creador y qué obra convenía sumar al acervo. Justificar ante un comité del museo qué aportes hace al discurso de la colección, y, después, convencer al autor de entregar la pieza en un gesto voluntario y altruista. A través de esta vía llegaron al museo más de una docena de piezas que representa el 20 por ciento del total de las 62 adquisiciones.

Fue el caso de Miguel Castro Leñero, quien en 2014 donó la pintura Construcción fuera de registro, o de Ricardo Rendón que entregó la escultura Vacío de protección, en 2017, lo mismo que la instalación de Guillermo Santamarina titulada Mandalas a los poetas infrarrealistas, en 2017, y la serie De respirar de Sandra Pani que regaló en 2016. La función del curador es acudir al taller de los artistas de su interés y gestionar la donación de alguna pieza que aporte ideas a la colección. “Siempre se busca seguir con las tradiciones curatoriales del museo, pero, claro, hacia una tendencia contemporánea. Este acervo que se integra está muy equilibrado en cuanto a técnicas y medios, pues la intención fue actualizar contenidos y atender líneas temáticas que ha tenido el museo”.

A diferencia de lo que se podría imaginar, en estos cuatro años el sistema Pago en Especie de la Secretaría de Hacienda no fue una opción para el Carrillo Gil, a pesar de que desde la fundación del programa ha sido el método más empleado por los museos públicos para alimentar sus acervos. De las 62 piezas sólo dos entraron como pago de impuestos. Se trata de un par de fotografías vintages de Gabriel de la Mora, intervenidas con una bocina; ambas llegaron en 2018. Lo que genera cuestionamientos, pues tan solo en 2017, el Sistema de Administración Tributaria (SAT) registró el pago en especie de aproximadamente mil 200 contribuyentes que entregaron mil 600 obras.

Este programa —vale recordar— surgió en 1957 por iniciativa de un grupo de artistas encabezados por David Alfaro Siqueiros, quienes solicitaron al entonces director del Impuesto sobre la Renta, Hugo B. Margáin, la posibilidad de pagar sus obligaciones fiscales a través de una obra plástica de su autoría. La propuesta, a la que se sumaron artistas como Diego Rivera, Rufino Tamayo y Raúl Anguiano, se convirtió en
Decreto Presidencial en 1975.

Los contribuyentes tienen dos vías para pagar sus impuestos: la primera es acudir a las oficinas del SAT y llevar las piezas de su elección —pintura, escultura, grabado o escultura—; la segunda, hacer donaciones directas a museos públicos o privados. Las obras se someten a revisión por un comité para ser aprobadas y tomadas en cuentas como pago de impuestos. En este sistema, no se valúan las obras en sí mismas, sino que se paga por número de piezas vendidas por el artista durante el año fiscal.

Esto significa que si el artista vende al año entre una y cinco obras, debe pagar con una pieza; de seis a ocho piezas vendidas, entregará dos; de nueve a 11, otorgará tres al fisco; de 12 a 15 vendidas, serán cuatro; de 16 a 20 se pagará con cinco y si vende 21 o más, entregará seis obras.

En caso de que las obras no sean recibidas por el SAT por no cumplir con las condiciones establecidas, el contribuyente tendrá una segunda oportunidad de presentar otras piezas. De no ser aprobadas de nuevo, pagará los impuestos con dinero.

Las obras se reparten entre los diferentes museos públicos que solicitan alguna o, incluso, llegan a las dependencias de gobierno. En la Ciudad de México se pueden encontrar obras en el Antiguo Palacio del Arzobispado, la Secretaría de Relaciones Exteriores, el Museo Nacional de Arte, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, el Museo Franz Mayer, el Museo de Arte Moderno, entre otros, y lo mismo adornan edificios de secretarías federales.

La última estrategia del MACG para crecer su acervo fue la compra directa. A través de recursos del INBAL, sólo se pudo conseguir dos obras.
La primera fue en 2014, de Eduardo Abaroa, titulada Cute Cube; ésta consiste en una instalación de hisopos unidos a una bola azul como si se tratara de una maqueta de algún átomo. La instalación cuelga del techo y recuerda la investigación de artista sobre la noción de lo efímero, la historia y el tejido sociopolítico de diferentes sociedades.

La segunda pieza comprada con dinero del Instituto es Notas para la gravedad y la gracia, de Juan José Gurrola. Una serie fotográfica que registra una acción hecha por el director escénico en 1980; el compendio de imágenes se adquirió en 2014 y es la única obra del autor en el museo. Resulta pertinente recordar que, según datos de la Secretaría de Cultura federal, ese año se obtuvieron 10 millones de pesos para compra de acervo. En 2015, el presupuesto se redujo a 2 millones 394 mil 332 pesos, lo que evidentemente disminuyó la adquisición de acervo nuevo no sólo para el Carrillo Gil, sino toda la red de museos.

Crecer el discurso curatorial

“Son artistas contemporáneos que crearon su trabajo bajo un mismo ambiente, encontraron coincidencias estéticas, formales, temáticas y eso permite tener diálogos entre las piezas. Son creadores de una generación que no es tan distante, lo que nos permite abordar un momento reciente de la historia del arte”, refiere Jiménez al señalar que la cuarentena de artistas suma al discurso curatorial del MACG no sólo en número de piezas, sino en propuestas de reflexión.

Actualmente la colección del museo conserva cerca de 2 mil 100 piezas. Alrededor de mil 417 provienen del acervo personal del doctor Carrillo Gil y el resto es de donaciones diversas. La sección de arte contemporáneo está conformada por más de 360 obras entre pintura, grabado, litografía, serigrafía, collage, dibujo, fotografía, instalación, arte objeto, libro de artista, escultura y video. Con las nuevas adquisiciones se enfatizan temas como la migración, la vida rural, la feminidad, la ciudad como espacio, las relaciones humanas, la criminalidad, la frontera, hasta ideas puramente estéticas como la percepción de la imagen o la interacción con el objeto.

La propuesta es generar diálogos entre piezas de antaño y las recientes adquisiciones. Por ejemplo, plantear reflexiones alrededor de la mujer con la obra de Sandra Pani y, tal vez, con el dibujo “La Chole” de José Clemente Orozco, la primera pieza que compró Carrillo Gil. Lo mismo se busca continuar con la línea histórica sobre el arte mexicano, y con las nuevas piezas trazar un recorrido desde mediados del siglo XX hasta los recientes años del XXI. Trayecto que va desde Pablo O’Higgins, Francisco Aceves Navarro, José Luis Cuevas, Manuel Felguérez, pasando por

Vicente Rojo, Ulises Carrión, Enrique Ježik, Eduardo Abaroa y Santiago Borja. Desde los dibujos a lápiz de Alfredo Zalce hasta la gráfica experimental de Demián Flores, acota la curadora.

“Evidentemente es una colección que se forma desde distinto intereses y momentos, pero la intención curatorial es actualizar los contenidos y atender las líneas temáticas que ha tenido el museo desde su creación, como incrementar el acervo de mujeres contemporáneas o poner atención en algunas tendencias como el arte sonoro o la instalación, y así crear relaciones entre el acervo más antiguo y lo nuevo”, precisa al recordar que las 62 obras recién adquiridas se exhiben hasta el 7 de julio.

La última adquisición masiva que realizó el MACG fue en 2008, después de la exposición León Ferrari. Obras 1976-2008, curada por Andrea Giunta y Liliana Piñeiro, conformada por más de 280 obras; de éstas, 212 entre obra gráfica y collage se donaron al recinto. Entre heliografías, collages y reproducciones de diversas series como “L'Osservatore Romano”, “Nosotros no sabíamos” y “Nunca más”.




¿DE QUÉ EXPOSICIÓN ESTAMOS HABLANDO?

Título: Sumatorio. Nuevas incorporaciones a la colección Carrillo Gil
Modalidades: artes gráficas, dibujo, fotografía, objetos, pintura, videoinstalación
Total de obras: 62
Artistas incluidos: 41
Periodo en que se adquirieron las obras: de 2014 a 2018
Periodo de exhibición: del 16 de marzo al 9 de junio
Dirección: Avenida Revolución 1608, San Ángel, 01000, Ciudad de México
Horario: de 10 a 18 h


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IM/CR

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