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La disciplina keniana

La disciplina keniana

Columnas viernes 16 de agosto de 2019 - 03:21


Llegó el momento que todos esperábamos. Nuestro Padre de Pueblos, con esa sabiduría, esa erudición que no conoce fronteras, nos ha iluminado con su ética de trabajo de profe de la Sección 22, con su pulsión pedagógica indesmayable —hagan de cuenta un Sócrates de Tepetitán—, en temas tan diversos como la economía popular, una ciencia mágica para la que no hace falta estudiar (aunque el Tlatoani lo hizo durante 18 años para terminar la licenciatura), ni para el caso hacer sumas y restas; el jugo de piña miel; la belleza de la poesía (aunque poesía eres tú, oh, Líder); la importancia de desprenderse de los bienes materiales (incluidos los antirretrovirales y las vacunas contra el sarampión); la facilidad con que brota el petróleo de las entrañas del suelo patrio; y, onda un Maquiavelo del Trópico Ardiente, sobre el arte de gobernar, que es facilísimo.

Pero faltaba que nos revelara ese secreto que todos queríamos conocer: cómo se obtiene un cuerpo de atleta keniano. Ya lo sabemos. Hace un par de días, en la mañanera, el Tlatoani se explayó.

No es un tema nuevo: ya antes hizo una mini diatriba contra los refrescos embotellados, cuando el “trapiche affaire”, y hace unos días más, mientras hablaba del plan nacional de nutrición, explicaba lo malas que son las hormonas y otras porquerías que le ponen a la comida, sin mencionar los productos chatarra. Pero ahora sabemos más sobre su secreto, el secreto del Primer Nutriólogo de la Nación. Díganle adiósa la obesidad y la malnutrición, compañerxs. Diabetes, bye. Se acabó esa epidemia. Vean el ejemplo vivo del Tlatoani, con esa planta aristocrática, esas proporciones áureas, forjadas, sí, con el fildeo y el macaneo —¿dejarán ya lxs idólatras, lxs blasfemxs, lxs herejes, de negar que el beisbol es un deporte de alto rendimiento?—; sí, con una dieta de barbacoa, puchero y cecina; pero sobre todo, digo yo, con el ejercicio que más ayuda a quemar calorías, diluir grasas, agarrar tono en los músculos: amar al pueblo.