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La guerra que mata la democracia

La guerra que mata la democracia

Columnas viernes 06 de diciembre de 2019 - 02:32

Me ha tocado ver desde el otro lado del Atlántico las imágenes de varios sicarios buscando y llevándose a rastras a una persona de un hospital de Guanajuato. La información se remataba con el hecho de que habían matado a la persona y había sido descuartizada.
Los noticieros tienen que informar de la realidad. La realidad no es culpa de ellos, sólo es la realidad. El paseo de fusiles automáticos de alto calibre por los pasillos de un hospital no puede verse como normal. Mientras en otros lugares del mundo lo ven con horror, en México casi lo vemos como algo de todos los días, porque realmente es de todos los días.
Quizá ya no son importantes los números sino también las formas. Quizá hay que salir del pozo real e informativo de todos los días para entender que estamos inmersos en la barbarie. Quizá la solución se perfila cada día más lejana e imposible.
Y uno piensa desde la visión de otro país donde hay algo más de estado de derecho y de seguridad: ¿En qué tipo de país nos hemos convertido? ¿Qué tipo de vida estamos llevando? ¿Hay una solución a esta guerra criminal que nos salpica y contamina?
Hay mexicanos con posibilidades económicas que han decidido salir del país, pero no por la política o la economía sino por la inseguridad. Los demás seguimos viviendo en esta vorágine inmisericorde de violencia atroz y no nos iremos nunca. Desde luego que la política y la economía son factores esenciales de la calidad de vida, pero primero es necesario que haya vida. Ya no solo vivimos la cultura de la muerte sino la escandalosa cultura de lo salvaje.
Si la democracia y las libertades que hemos conseguido con polvo, sudor y lágrimas, no logran superar esta situación catastrófica, de nada habrán servido. Los esfuerzos de millones de mexicanos por cambiar el país se han diluido en los fuegos de la violencia.
Desde fuera se entienden las explicaciones de la situación: la falta de derecho, el poder de los cárteles, la magnitud del consumo, el descabezamiento de los grupos criminales, pero no se alcanza a comprender la barbarie que empuja a carecer de límites.
Pocas organizaciones han resultado tan criminales como la Mafia, la ‘Ndrangheta o la Cosa Nostra. Pero hasta éstas tenían sus límites. Límites que sin ser buenos, por lo menos permiten que las sociedades sobrevivan en medio del muladar de la violencia.
Cuando los roedores se encuentran en peligro, como animales pequeños y débiles, buscan las huras, pequeños túneles subterráneos para escaparse. ¿Cuáles serán los caminos que requeriremos para lograr superar esta situación? Toda la sociedad civil debe colaborar en ello y nuestro gobierno pensar y actuar con la inteligencia con la que se superan todas las guerras.

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/CR

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