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La Historia Detrás Del Mito
La Historia Detrás Del Mito

Entornos miércoles 10 de abril de 2019 - 03:17


Octavio Paz Solórzano, se unió al movimiento armado en el sur del país, bajo el liderazgo del caudillo; tras esa experiencia, lo representó en EU y fundó el Partido Nacional Agrarista

MARY CARMEN SÁNCHEZ AMBRIZ

A la creación de la figura de Emiliano Zapata, el mito, han contribuido varias voces: periodistas, historiadores, escritores y directores de cine, entre otros. Lo que se ha dicho sobre él ha quedado sustentado en libros que incluyen la historia del Ejército Libertador del Sur, además de películas que abordan de forma simultánea el desempeño que tuvo en la lucha armada y su vida amorosa. Es Zapata, de varios rostros y, a la vez, el hombre de piel morena, abundante bigote y ojos expresivos, de quien era poco usual que sus enemigos escaparan de alguna de sus estrategias de combate.

Cuenta Octavio Paz que su padre, Octavio Paz Solórzano, se unió al movimiento armado en el sur del país, bajo el liderazgo de Emiliano Zapata. Con Antonio Díaz Soto y Gama, y otros seguidores, participó en las actividades de la Convención Revolucionaria desde que se trasladó a la Ciudad de México y, luego en su otra sede, Toluca. En 1915, dicha Convención se dividió, y un grupo siguió trabajando en sus filas hasta que se disolvió en Jojutla, un año más tarde.

Tras esa experiencia, Paz Solórzano fue representante de Zapata y de la Revolución del sur en Estados Unidos y, a su regreso, fue uno de los fundadores del Partido Nacional Agrarista (PNA).

Paz Solórzano fue cercano al general Zapata. A partir de sus crónicas y trabajosperiodísticos, se publicó el libro Zapata (1936). En 1986, la editorial Offiset (EOSA) recopiló un volumen que se refiere a Tres revolucionarios, tres testimonios que incluye un prólogo de Octavio Paz. “Madero, el libro; Villa, el vendaval; Zapata, la semilla.

Nada los une, excepto su fin. No vidas sino muertes paralelas: los tres murieron asesinados por un traidor”, apunta Paz.

Zapata solía decir que el peor delito era la traición. “Cuando hablaba de alguna traición o de sus traiciones, sus ojos relampagueaban de cólera y condenaba esos actos con las frases más duras”, refiere Paz Solórzano, quien se muestra como un atento y lúcido biógrafo del general revolucionario. Bajo las órdenes de Zapata, nunca se dio la situación de que algún prisionero fuera fusilado sin un previo consejo de guerra.

A diferencia de lo que especulan los detractores de Zapata, quienes suelen verlo como un sanguinario sin educación, aquí es retratado como un hombre que al darse cuenta de su liderazgo en el movimiento revolucionario, decidió dedicar dos o tres horas al día para conocer más de la historia de México. Tenía la costumbre de leer antes de dormir y uno de sus libros predilectos era Las memorias de Lerdo.

En palabras de J. María Lozano, citado por Enrique Krauze, Zapata “era el nuevo Atila, la reaparición atávica de ManuelLozada, un Espartaco, el libertador del esclavo, el prometedor de riquezas para todos. Es todo un peligro social, es sencillamente aparición el subsuelo que quiere borrar la superficie”.

Otra visión sobre Zapata que también contribuyó a la creación del mito, fue el guion cinematográfico que elaboró el escritor estadounidense, John Steinbeck, premio Nobel de Literatura en 1968. Por encargo de Elia Kazan, Steinbeck se ocupó del guion de la cinta ¡Viva Zapata! (1952), en donde participaron Marlon Brando (Emiliano Zapata), Jean Peters (Josefa, esposa de Zapata), Anthony Quinn (Eufemio, hermano de Zapata), Alan Reed (Pancho Villa), Frank De Kova (Coronel Guajardo) y Joseph Wiseman (Fernando), por mencionar algunos. Este último es un personaje ficticio que hace las veces de consejero de Zapata y que, a todas luces, es un líder comunista.

Respecto al comunismo, resulta inevitable no mencionar la postura de Kazan.

El guionista y el director estuvieron de acuerdo en humanizar la figura de Zapata, abordar sus grandes batallas y su preocupación por la desigualdad en el campo mexicano; sin embargo, existía un doble propósito: elaborar una crítica al comunismo. “Es un film anticomunista”, declaró Kazan ante la Comisión de Actividades Antiamericanas, el 14 de enero de 1952.

En materia de historia, un par de libros han sido fundamentales para que la imagen del general Zapata fuera difundida: Raíz y razón de Zapata (1943) de Jesús Sotelo Inclán, quien considera la forma en que estaba organizada la sociedad en el mundo prehispánico para describir la manera en que, con la llegada de los españoles, perdieron sus tierras; de ahí parte para abordar la desigualdad de la tierra en Anenecuilco, lugar donde nació Zapata.

El estudio de Sotelo Inclán sirvió para que John Womack escribiera Zapata y la Revolución mexicana (1969).

Para el historiador estadounidense no sólo había que estudiar la figura del héroe revolucionario sino también a las personas que lo apoyaron: los intelectuales que lo rodeaban, los migrantes de Guerrero y el Estado de México que se unieron a la lucha con los campesinos de Morelos, y numerosos hijos de exesclavos negros que aún no gozaban de plena libertad en las haciendas.

A 100 años de su fallecimiento, de haber sido traicionado por Jesús Guajardo, un 10 de abril de 1919, habría que recordarlo desde las distintas ópticas que han ayudado a forjar la historia del líder, “apóstol de la tierra libre”, como lo bautizó Octavio Paz Solórzano.


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IM/CR

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