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La historia que no conté

La historia que no conté

Columnas miércoles 04 de diciembre de 2019 - 01:16

Nunca conocí a Keyra González, pero su caso impactó severamente mi forma de ver la violencia de género. Yo estaba en la Ciudad de México y en noviembre del 2017 recibí un mensaje de una de las amigas de Keyra para decirme que su conocida había sido quemada y seguía con vida en un hospital en Tijuana. Querían que una periodista diera a conocer el caso, ya que el agresor, Jonathan Espinoza, seguía prófugo. Yo estaba por viajar a esa ciudad por otros motivos, así que decidí documentar el caso.
Su expareja la quemó con gasolina tras una discusión en el automóvil. El hombre la citó para darle la manutención del hijo que tenían en común. Primero hizo estrellar el carro, luego la bañó del combustible, luego la incendió. Keyra estaba viva y se grabó con el celular. Incluso en ese momento nos mostró su temple y valentía; cuando todos nos hubiéramos simplemente dados por vencidos, ella contó todo lo que sucedió en ese mismo instante y explícitamente culpó a su expareja de prenderle fuego y violentarla.
A distancia empecé a idear un reportaje. Por más ingenuo que parezca, guardaba la esperanza de poder hablar con ella. En el fondo pensaba “aguanta Keyra”. No para que hablara conmigo, si no para que viviera, para que estuviera con su hijo, para que fuera feliz nada más porque sí. Ella estaba grave pero consciente. Yo quería contar su historia, tratar de entender. Por fin arribé a la ciudad y me puse en contacto con la familia. Con muchísima tristeza, me informaron que unas horas antes Keyra había fallecido. La familia estaba muy preocupada, ya que Espinoza se había quedado con el hijo de ambos y temían también por su vida.
Ella lucho. Lo hizo por su hijo, por su libertad. Todo su esfuerzo sirvió de poco. En un juicio extenuante, ella había denunciado las agresiones de su expareja. Pidió ayuda que no fue dada. Meses tratando de salir airosa del juicio y acabar con la violencia de una vez por todas. Pero como muchas otras, no lo logró. La justicia jamás estuvo de su lado. Si bien un juez dictó una orden de restricción para el hombre, otro juez ordenó que, para recibir la manutención, Keyra tenía que ver al papá de su hijo personalmente.
Espinoza fue detenido y condenado a 50 años de prisión. No fue un proceso sencillo. Primero lograr que las autoridades cambiaran la tentativa de homicidio, por feminicidio, fue toda una odisea para la familia. Lo lograron, al menos en este caso hubo justicia.
Cada vez que alguien argumenta para desestimar a las mujeres valientes que luchan por los derechos de todas, cada vez que veo la justicia tan lejos, cada vez que recuerdo cuando fui víctima de violencia, cada que veo que una amiga lo es, siempre pienso en Keyra. Siempre pienso “aguanta, Keyra, algún día ya no será igual”.

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/CR

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