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La iglesia del escándalo y la división

La iglesia del escándalo y la división

Columnas lunes 04 de noviembre de 2019 - 21:04

El pasado 27 de octubre, dio fin el Sínodo de la Amazonia, reunión en la que participaron el Papa, cardenales, obispos, religiosos, religiosas y laicos. No pasará a la historia por sus aportes pastorales a la evangelización de esa zona, mayoritariamente protestante a causa del abandono de una verdadera misión y evangelización, por una labor más bien social, que sigue siendo un laboratorio de la peste de la teología de la liberación, que lo único de lo que ha liberado a los nativos es de la fe católica, dejando a esos pobres pueblos en la esclavitud de la marginación social, la ignorancia, la superstición y el colonialismo europeo de una ideología que obedece a la implantación del diabólico Nuevo Orden Mundial.

Fue el Sínodo del escándalo por los ritos idolátricos que se llevaron a cabo en esta reunión, empezando la víspera en los jardines del Vaticano con un acto chamánico de adoración a la ídola andina la Pachamama, o Madre Tierra, un acto abominable de adoración al demonio en el que, para escándalo de los fieles, frente al mismo Papa, se arrodilló un grupo de personas, incluido un fraile franciscano, y varias religiosas, para postrase rostro en tierra y adorar las imágenes de los ídolos. El Papa como custodio de la fe jamás debió permitir un acto semejante, debió darse la vuelta y marcharse, o como Jesús, con los mercaderes del templo, encendido en una santa ira, los debió echar del Vaticano.

Por si eso fuera poco, al día siguiente, profanaron la tumba de San Pedro cuando en la misma basílica y frente al Papa repitieron sus ritos fetichistas, procesionaron a la sala sinodal, como si se tratara de la Santísima Virgen, a las ídolas, y otros amuletos, cargada la balsa maldita incluso por obispos. Pero los sacrilegios no pararon ahí, las ídolas fueron llevadas a una iglesia romana dedicada a la Virgen María, para recibir culto los días que duró el sínodo, con ritos paganos y velas encendidas. Unos valientes católicos, al más puro estilo profético y de grandes santos evangelizadores, secuestraron las ídolas demoniacas y las arrojaron al río Tíbet. El Papa pidió disculpas por este valiente acto lo que debió más bien felicitar, y animar a los católicos a combatir toda idolatría y superstición que es abominable a los ojos de Dios.
Es el sínodo de la división porque además de estos actos diabólicos, los padres sinodales en su mayoría propusieron 3 graves aberraciones que divide a los católicos y que esperamos y rezamos porque el Papa no ceda a semejante barbaridad en la publicación de la exhortación apostólica post sinodal, a saber: la ordenación de hombres casados, la ordenación de mujeres como diaconisas y la aprobación de ritos propios para la Amazonia que, seguramente, así como vimos las cosas en Roma, implantarán el panteísmo y el satanismo, escondido en los ídolos y tradiciones supersticiosas llenas del pensamiento mágico contrario a la fe y la razón.

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/CR

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