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La importancia de la autonomía universitaria

La importancia de la autonomía universitaria

Columnas martes 19 de noviembre de 2019 - 01:40

En 1929, motivo de un conflicto estudiantil iniciado en la Escuela de Jurisprudencia, el entonces presidente de México, Emilio Portes Gil, decretó el concepto de autonomía universitaria, surgiendo así la Universidad Nacional Autónoma de México.
En los años subsecuentes surgirían diversos cambios en la institución que generaron una inestabilidad importante entre 1933 y 1944. En este último año, el presidente Manuel Ávila Camacho solicitó a los universitarios Antonio Caso y Eduardo García Máynez la elaboración del proyecto de iniciativa de Ley relacionada a la Universidad Nacional de México y su autonomía, que fue aprobada en 1945.
Dicha ley que rige hasta nuestros días desvincula la parte política, la administrativa y la técnica, creando cuerpos separados para cada una de ellas. Para la política: la Junta de Gobierno, el rector, los directores; la técnica: el Consejo Universitario, los consejos técnicos de escuelas y facultades; y para la administrativa, el Patronato.
La autonomía y su reconocimiento en instituciones de educación superior, no solo les confiere mayores facultades y responsabilidades con base en lo establecido en nuestra Carta Magna en su artículo tercero, sino que pasan a simbolizar un ejemplo paradigmático en un tiempo en que la incertidumbre sobre la libertad se hace más frecuente.
Este año se cumplen 90 años de autonomía universitaria, lo cual nos dirige a la reflexión en torno a la importancia del propio concepto en el contexto histórico y contemporáneo de México, dando cuenta de su relevancia el progreso de la enseñanza superior y los retos que pueden surgir a partir de su ejercicio.
Dicho principio representa la facultad de las instituciones de educación superior de determinar sobre sus planes y programas de estudio, establecer los procesos de ingreso de su comunidad, su producción normativa, la dirección de su ejercicio presupuestal y la instauración de procedimientos para la designación de sus autoridades.
Las motivaciones para defender la autonomía deben ser cada vez más firmes, frente a la injerencia de diversos actores como el Estado, los partidos políticos, sindicatos, el poder financiero, y de grupos y organizaciones políticas que han buscado a lo largo de los años, someter u orientar la dinámica universitaria y utilizarla para fines ajenos a la institución.
La defensa de la autonomía debe garantizarse para poder realizar nuestras funciones de docencia, investigación y extensión de la cultura, en espacios que vayan más allá del ámbito académico y en donde la libertad y la diversidad prevalezcan y permitan mantenernos como la Universidad de la Nación.
Cierro esta columna felicitando al doctor Enrique Graue, quien hoy rinde protesta para continuar al frente de la rectoría de la UNAM por un segundo periodo, estoy seguro que seguirá construyendo en beneficio de nuestra Universidad de la mano de la Facultad de Derecho.
Nota: Hoy platicaremos sobre el tema de este artículo con Raúl Contreras y Leonardo Lomelí, a las 11 horas por Canal 22, en el programa de televisión Derecho a DebaTV.

*Catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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/CR

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