La interna priista
La interna priista

Columnas jueves 21 de febrero de 2019 - 02:21


El proceso de renovación de dirigencia en el PRI se ha vuelto materia de interés que trasciende a sus militantes. Más aún, el cambio en la presidencia del CEN ya se mezcló también con el debate legislativo en torno a la Guardia Nacional. El Gobierno federal y los otros partidos de oposición tienen inquietud por conocer el rostro que adoptará el PRI en los años por venir. ¿Será un partido de oposición permanente, selectiva o sumiso al poder presidencial?

¿Tendrá una inclinación ideológica particular o favorecerá el oportunismo que lo hundió en años anteriores? ¿Se constituirá en alternativa de gobierno en la sombra, a la manera inglesa, o simplemente aspira a mantenerse como presencia legislativa?

Aunque los aspirantes son muchos, los bandos ya se dibujan con cierta claridad. De un lado están, supuestamente, un bloque de gobernadores encabezados por Alejandro Moreno, gobernador de Campeche. Si bien el apodo de Moreno ha sido “Alito”, ya muchos empiezan a llamarlo “Amlito”, por su cercanía excesiva con el Presidente de México.

Es preciso reconocer que entre los gobernadores priistas alineados con el proyecto presidencial no está la gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich, quien se encuentra fuera del país. Del otro lado, se hallan un grupo de senadores más interesados en parecer lo que son, a saber, miembros de un partido de oposición. Dicen que están considerando a José Narro como su candidato, pero él todavía no se manifiesta públicamente. Ojalá lo haga.

Ahora bien, las reglas para la contienda interna en el PRI no están plenamente definidas. Ya he comentado aquí con simpatía la intención de la presidenta Claudia Ruíz Massieu por abrir el proceso a una elección con participación de la militancia. No obstante, ignoramos si se abrirá a toda la militancia o a ciertos grupos. Los detalles del mecanismo de selección de la nueva dirigencia nacional habrán de incidir, necesariamente, sobre el resultado. En principio, se antoja conveniente solicitar, cuando menos, la opinión del Instituto Nacional Electoral.

Esto último con el propósito de garantizar transparencia e imparcialidad en la elección interna. De otra manera, se abrirá la puerta de una impugnación permanente sobre el procedimiento mismo.

Algunos militantes distinguidos me han comentado su inquietud por la forma en que el Gobierno federal podría intervenir en la contienda interna del partido. Como en todas las elecciones mexicanas, el flujo de dinero será un factor capaz de favorecer a un grupo u otro. Si el Gobierno de México percibiera que uno de los aspirantes tiene mayor propensión a darle respaldo a las posturas oficialistas (Amlito por ejemplo), bien podría inyectarle recursos. Todos estos aspectos exigen una revisión cuidadosa y una consideración oportuna por parte de los competidores. Otra pregunta se mantiene. ¿Y la militancia joven? ¿Alguien la está contemplando?

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