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La militancia toledana

La militancia toledana

Columnas martes 10 de septiembre de 2019 - 02:57


Pocas veces Francisco Toledo abordó explícitamente temas políticos en los contenidos de sus obras, sin embargo, su figura como artista es profundamente política. Una de esas veces fue en la serie Lo que el viento a Juárez, donde expresó su percepción sobre este personaje, pues en los pueblos del Istmo hay cierta distancia con él, ya que en algún momento fueron reprimidos por órdenes suyas. Otra acción fueron sus papalotes con los rostros de los 43 desaparecidos. Toledo decía: “Si ya se les buscó debajo de la tierra, hay que buscarlos arriba”, dando a entender que habría que apelar a otras fuerzas y a otra convicción para encontrarlos.

La producción toledana incluye preocupaciones sobre el erotismo, la fauna y la muerte. Parten de imaginarios que remiten a un mundo personal y a la identidad zapoteca. Los sapos, cocodrilos, insectos, tortugas e iguanas que solía imaginar entre la fantasía y lo místico, provienen tanto de la memoria de su infancia en Minatitlán, un entorno pantanoso, como de la presencia que tienen esos animales en la vida cotidiana y en los mitos zapotecas. Su interés por el erotismo, en parte, surge de la capacidad que se tiene en la costa para hablar sin tapujos sobre la sexualidad y por las relaciones que el pintor encontraba entre la materia y el deseo erótico. En su mundo, los peces podían ser falos y los gestos del rostro encubrir vaginas.

Su arte proyecta el bagaje cultural indígena, pero no a partir de una descripción social, sino desde su imaginario simbólico y mítico. El rescate y la socialización de ese imaginario, esa memoria a veces aislada y desvalorada, fue una parte de sus compromisos políticos.

Toledo fue un artista privilegiado. Primero, por poseer una extraordinaria habilidad estética y luego por haber sido valorado desde temprana edad. Tuvo la oportunidad de relacionarse con el mundo de las élites, aunque su personalidad expresaba poca coincidencia con ellas. No fue un artista que militara mediante el contenido de sus obras, lo hizo a través de sus acciones sociales directas.

No representó la pobreza del pueblo, sino que activó espacios para distribuir la riqueza cultural al pueblo. Tuvo un uso mesurado del poder, pues la resonancia de su voz la empleó para defender a la sociedad, a veces bajo el riesgo de la confrontación personal. Su relación con el Estado fue estratégica y desdeñosa. Si bien mantuvo diálogo con las instituciones, desconfiaba de ellas. A los medios los satirizaba al no darles la comidilla que esperaban, sino propagando denuncias y abordando temas incomodos para el gobierno.

Toledo encontró su militancia fuera de las galerías y del acogimiento estatal, usó el espacio público y se alió con movimientos sociales. Quizá su interés por defender a los desprotegidos viene de su propia experiencia, de la conciencia sobre el destino que en este país significa ser indígena nacido en Oaxaca, pues él mismo sufrió el racismo y la estereotipación indianista.

Ojalá los nuevos artistas que utilizan lo étnico y lo multicultural para sobrevivir en el exigente mundo de las élites, no intenten solo blanquearse con dinero y poder, sino contribuir a las luchas de los de abajo.

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/CR

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