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La no oposición
La no oposición

Columnas jueves 11 de abril de 2019 - 00:32


Si usted conoce alguien en los círculos políticos opositores, habrá escuchado que la inquietud principal es la siguiente “¿cuándo empezará a bajar la popularidad presidencial?” La pregunta es reveladora de la debilidad estructural de la oposición y de cómo se percibe: incapaz de brillar con luz propia. Se trata de esperar un milagroso desencanto con la actual administración, cuyo resultado les permita destacar a los oponentes. Es una herencia del planteamiento del gobierno el sexenio pasado, que por ridículo que parezca, afirmaba “sí somos corruptos, pero Morena lo es mucho más.” Una postura fundamentalmente pasiva, de políticos a la espera de la aparición de oportunidades, no de construirlas.


A nadie le pasa por la cabeza la posibilidad no de buscar un hipotético descrédito presidencial, sino de producir músculo propio. En otras palabras, generar las condiciones para el diseño de un proyecto opositor capaz de erigirse en oferta diferente de gobierno. Hay numerosos temas que escapan al interés presidencial. En el discurso de la 4t no existe el problema de la robotización y desaparición del empleo por nuevas tecnologías. Las cuestiones ambientales están fuera de la órbita oficialista. Más importante aún, los servicios públicos cotidianos: agua potable, transporte público, facilitar los trámites burocráticos, los parques, la discusión sobre el sistema de pensiones, el alcantarillado, la limpieza del espacio público, la seguridad en las calles son asuntos que un político de oposición podría aprovechar. No lo han hecho.

Regresen a lo básico.
En el caso del PRI es notoriamente escandalosa la ausencia de una figura visible después de que el sexenio pasado se hablaba de numerosos precandidatos presidenciales supuestamente de alto perfil. Hoy, los pocos que suenan es porque tienen un cargo en la cámara de diputados o senadores. Cargos todos plurinominales, vale decir, por los cuales no compitieron en una elección interna o constitucional. Y si hubieran competido, también habrían sido derrotados.

En otro tiempo, el hombre prestigiaba al cargo, no el cargo al hombre. Jesús Reyes Heroles, Antonio Ortiz Mena, Jaime Torres Bodet, Arturo Warman, Jorge Carpizo tenían nombre y personalidad política propia con o sin puesto en la administración pública. Lamentablemente ¿quién es Luis Videgaray hoy? Otro tanto pasa en el PAN. ¿Dónde quedó el supuesto joven promesa con gran futuro que alguna vez fue Anaya? ¿se acuerda usted de algún exsecretario foxista o calderonista que hoy pueda encabezar la oposición? Lo efímero de los funcionarios públicos del PRIAN en la transición democrática ha evidenciado la incapacidad de construir una clase política mexicana. No cultivaron una base social propia, su poder dependía exclusivamente de su proximidad con el presidente en turno. En el Reino Unido se dice que los gobiernos no pierden elecciones, las gana la oposición. He ahí la tragedia y oportunidad de los partidos opositores mexicanos.



•Internacionalista y analista político:
@avila_raudel

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