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La onceava época

La onceava época

Columnas lunes 26 de agosto de 2019 - 00:07

Hasta 1983 existía en México la llamada presunción de dolo. El artículo 9 del Código Penal señalaba: “La intención delictuosa se presume, salvo prueba en contrario”.

El aparato jurídico penal estaba construido sobre esta presunción de responsabilidad. No fue sino hasta el 2008 que la Constitución dispuso que toda persona imputada tiene derecho a que “se presuma su inocencia mientras no se declare su responsabilidad mediante sentencia emitida por el juez de la causa”. Llegó en 2011 la reforma al artículo primero y ahí se determinó el imperio de los derechos humanos y la obligación de todas las autoridades de respetarlos y promoverlos. La Suprema Corte hasta cambió de época. Dijeron los ministros: Es tan importante todo esto que ha sucedido en nuestro mundo jurídico que salimos de la novena y arribamos a la décima época.

Así, hoy, el Código Nacional de Procedimientos Penales asume que toda medida cautelar contraviene el principio de presunción de inocencia y, por ello, señala categórico que la prisión preventiva será de carácter excepcional.

En los sistemas acusatorios puros (Colombia, Chile, EUA) no existe la llamada prisión preventiva de oficio la cual implica que, sin mayor discusión, quien presuntamente cometa ciertos delitos va a dar a la cárcel. Desde el 2008, nuestro país determinó que dejar atrás esa medida era mucho pedir y permitió que ciertos delitos enumerados en el artículo 19 de la Constitución ameritaran prisión oficiosa, automática.

En los demás casos (los delitos no enumerados en ese artículo) la prisión preventiva debe “justificarse” a petición del fiscal.

Hace algún tiempo se intentó modificar el artículo 19 y agregar dos conductas típicas: portación de arma de fuego reservada y el llamado huachicomayoreo. Los defensores del sistema acusatorio no bajaron de fascistas a los impulsores. Los acusaron de querer “desmantelarlo”.

Pues resulta que en abril del 2019 se agregaron nueve figuras delictivas al texto constitucional y no hubo, extrañamente, ni la sombra del clamor opositor desplegado pocos meses antes. Hoy, otra vez, como antes de 1983 parece que lo que se presume es el dolo y no la inocencia.

Quizás la Suprema Corte de Justicia de la Nación deba, en el tono de los tiempos, mudarse a la onceava época, porque si la llamada regla de trato procesal conocida como presunción de inocencia se convierte en excepción y la prisión preventiva en regla, podemos ir diciéndole adiós al sistema acusatorio.

No habría que olvidar, empero, que las libertades son conquistas, no gratuitas concesiones del poder en turno. Hay que decirlo. Y por ello quisiera traer a estas páginas el poema del abate Niemoller que suele atribuirse a Brecht: “Primero vinieron por los comunistas/y no dije nada porque yo no era un comunista/Luego se llevaron a los judíos/Y no dije nada porque yo no era un judío/Luego vivieron por los obreros/Y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista/ Luego se metieron con los católicos/Y no dije nada porque yo era protestante/Y cuando finalmente vinieron por mí/No quedaba nadie para protestar”.

La onceava época

•Excomisionado Nacional de Seguridad: @Ley13091963

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/CR

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