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La oportunidad de Ebrard

La oportunidad de Ebrard

Columnas martes 11 de junio de 2019 - 03:10


“¿De qué se ríe el licenciado, joven? Enseña toda la mazorca de dientes con alegría cuando Trump nos quiere joder” me comentó un taxista que veía una fotografía de Marcelo Ebrard sonriente en la portada de un periódico que nos ofrecían los vendedores en la parada del semáforo.

Hace unas semanas escribí que veía pocas posibilidades para una eventual candidatura presidencial de Marcelo Ebrard. Históricamente, la Secretaría de Relaciones Exteriores ha sido una tumba para las ambiciones de llegar a la silla grande. Las circunstancias y los hechos me desmintieron por completo.

Los empeños hostiles de Donald Trump inyectan nuevos bríos a la aspiración de Ebrard. Hasta fiesta con religiosos le celebraron en Tijuana por el acuerdo logrado.

Este gobierno nos acostumbró muy rápido a los disparates folclóricos, con mayor velocidad incluso que los anteriores. Entre la fe en los aluxes y los aviones que se repelen solos, generadores de energía eólica que roban el aire de los indígenas y rituales tecno-chamánicos de la Secretaría de Cultura, si algo ha faltado sensiblemente en este gobierno ha sido un sustento científico, aunque sea mínimo, para la toma de decisiones.

En el proceloso mar de ocurrencias e irracionalidad técnica de la llamada Cuarta Transformación, la voz y el profesionalismo de Ebrard sobresalen con facilidad. La conquista de un acuerdo, por endeble que pueda resultar, le abre un margen de protagonismo político doméstico al Canciller. Naturalmente, esto despertará la envidia y el resentimiento cada vez más agudo de sus compañeros de gabinete. Apenas la semana pasada se filtró la nota de su rivalidad con la embajadora en Estados Unidos en un editorial de Ricardo Raphael.

Cuando el presidente José López Portillo destruyó la economía mexicana por su derroche populista de recursos en medio del entusiasmo desmedido por Pemex, se le presentó la disyuntiva de su sucesión. En un sistema político sin oposición real (más o menos como el de hoy), López Portillo tenía la opción de un político tradicional y personal e ideológicamente cercano a él como Javier García Paniagua. Del otro lado, estaba Miguel de la Madrid Hurtado, perteneciente a una generación más joven que creía en la técnica, hablaba inglés (indispensable para negociar con los americanos) y entendía el sistema internacional.

López Portillo optó por Miguel de la Madrid. John Gray publicó un ensayo espléndido sobre el fracaso de la clase política tradicional en la revista New Statesman hace dos semanas. Concluye con estas palabras “La Gran Bretaña enfrenta un choque entre fuerzas populistas de izquierda y derecha, mientras que las fuerzas del centro caminan sonámbulas hacia las llamas.” No solamente Gran Bretaña, el mundo entero. Una figura como la de Ebrard podría intentar romper esa tendencia.


•Internacionalista y analista político:
@avila_raudel

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/CR

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