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La silueta, en cuclillas, se meneaba como un río empujando un juguete con ruedas.

La silueta, en cuclillas, se meneaba como un río empujando un juguete con ruedas.

Entornos miércoles 29 de mayo de 2019 - 04:39


La luz del faro, que marcaba la entrada de estribor de la dársena norte, dibujó un relámpago sobre las aguas tranquilas y luego lamió el muelle. Rasmussen se puso de pie y, de nuevo con su estatura de hombre, pudo contemplar el cemento que estaba a sus pies; una pinta con letras blancas rezaba: DO IT WELL AND DO IT NOW. Satisfecho, el danés hundió la brocha en lata de pintura y se apoyó en la armazón de la grúa; allí, bajo el inmenso Mecano dormido, surcó la noche con la mirada. Delante de él, amarrado, se alzaba el Nürnberg.

iración con la rotación de la luz mientras se apretaba las correas en los hombros: la mochila pesaba más de veinte kilos. Entre el torno y el agua se extendía el muelle de al descubierto. Tendría que recorrerlo durante los valiosísimos segundos de oscuridad que le ofrecía el faro. Rasmussen tomó una última bocanada de aire.

Con el impulso, estuvo a punto de caerse en la dársena; se enderezó in extremis, derrapó en el borde y echó cuerpo a tierra detrás de un bolardo de amarre. Un poco de gravilla chapoteó en las olitas que rompían veinte metros más abajo. En el crucero no se movió nada ni nadie. Rasmussen sabía exactamente cuántos centinelas había de guardia, los turnos de las torres de vigilancia y hasta los apodos con lo que se llamaban los hombres de la tripulación de puente a puente. Había anotado todos estos detalles en una libreta rayada con su redondilla de colegial mientras observaba el terreno desde lo alto de la grúa, la misma que tenía intensión de volar para que se derrumbase encima del buque de guerra.

Una escalerilla incrustada en el cemento bajaba hasta el agua. Palpó con los dedos las barras corroídas por la sal mientras deslizaba entre el casco y el embarcadero. Llegó a un galería horizontal, a media altura del muelle, por la que se adentró metiendo primero la cabeza. Tumbado en el conducto pudo, por fin, sacar la linternita de bolsillo.



* Adelanto exclusivo.
Cortesía AdN Alianza de Novelas.

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IM/CR

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