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La vida no vale nada

La vida no vale nada

Columnas viernes 26 de abril de 2019 - 01:48


En estos días, el escuchar noticias como que hemos tenido el trimestre más violento del año, que han muerto más de 207 personas en un atentado en Sri Lanka o que en Minatitlán se ha matado y rematado a varias personas (incluido un niño), rompe nuestros oídos, nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia.

Nos encontramos en medio de la cultura de la muerte. Resulta evidente. Cuando la vida, o la muerte, se calculan con estadísticas, con comparaciones, con una calculadora de la muerte; o peor aún, cuando la vida o la muerte se determinan por supuestas creencias religiosas, no podemos pensar en otra realidad más que la humanidad ha perdido claramente el norte.

La muerte se presenta como un fenómeno numérico, estadístico, puramente noticioso, frío, impasible, insensible.

Recuerdo cuando el juez antimafia italiano, Giovanni Falcone, murió en un atentado junto con su escolta. La esposa de uno de los escoltas reclamaba que cada uno de ellos era una persona y tenía un nombre. No eran los escoltas de alguien, sino personas de carne y hueso con una historia, con una personalidad, con una familia, con una trascendencia.

¿Por qué en este momento la vida no vale nada? ¿Por qué hay sicarios (algunos de ellos prácticamente niños) que cambian su destino por una
cantidad mínima de dinero? ¿Por qué México permanece hundido en la lacra de la violencia y de la inseguridad? La primera obligación de un gobierno consiste en la conservación de la seguridad de sus ciudadanos.

Luego vienen la salud y la educación, porque si no hay protección básica, la vida no merece la pena ser vivida ya que carece de calidad.

No se puede considerar un país como moderno y avanzado si no es capaz de cuidar a sus ciudadanos.
La costumbre es la peor consejera.

Acostumbrarse a la inseguridad, a la persecución, al robo, al secuestro, a la muerte, al acoso, nos deshumaniza radicalmente.

Pero… ¿Por qué no bajamos a la calle en auténticas oleadas de protesta? ¿Por qué no nos protegemos hasta con los dientes de la falta de decisiones o de las malas decisiones en el campo de la seguridad? La vida deja de tener valor cuando uno tiene que cuidarse a sí mismo de los demás detentores de la vida que somos los seres humanos.

Prácticamente en todo el mundo se ha superado la realidad de la pena de muerte en los juzgados y en las cárceles; no así en las calles, en las casas, en los pueblos y ciudades.

Nadie duda que superar la corrupción y generar justicia son dos de los grandes objetivos de un gobierno.

Pero si la base no es el Estado de derecho y la protección de todos los ciudadanos, tendremos que hablar de un Estado prematuramente fallido.

•Director de Extrategia,
Comunicación y Medios


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/CR

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