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La vida no vale nada

La vida no vale nada

Columnas viernes 09 de agosto de 2019 - 02:39


De Ohio a El Paso, hemos sobrevolado, sobre la cultura de la muerte, del desprecio, de la banalidad, de la masacre. Hemos presentido la locura de morir por ser latino, de morir por estar en un lugar. Ninguna muerte violenta tiene sentido; por esta motivaciones, aún menos.

Quien mata ha pasado un límite, ha roto una barrera, ha destruido lo sagrado, ha quebrantado la dignidad, ha ensuciado la sociedad.

Las culturas y los discursos que amparan y promueven implícitamente la posibilidad del odio de cualquier tipo, son altamente irresponsables. Las polarizaciones sociales pueden atraer votos pero no salvan vidas.

Los marcos legales que permiten el uso indiscriminado de las armas conforman un caldo de cultivo de las masacres.

Después de la muerte, del caos, de las personas específicas con nombre y apellido vienen los discursos, los arrepentimientos, las descalificaciones y la abundanciade sentimientos y palabras. Pero hay que estar antes, no después. Aunque también es cierto que tenemos que valorar, al menos, la sensatez general que se ha percibido después de estas situaciones tan lamentables.

¿Hasta cuándo nos vamos a dar cuenta de que estamos permitiendo y promoviendo la cultura de la muerte? ¿Hasta cuándo la violencia va a formar parte de la vida de las calles, los centros comerciales, las escuelas, los estadios? ¿Hasta cuándo las instancias supranacionales y los gobiernos de las naciones lucharán en un frente común contra la violencia?

Sólo cuando se establezca un verdadero cumplimiento de los derechos universales de las personas. Sólo cuando haya responsabilidad frente a actitudes de descarte, de rechazo, de violencia y de muerte. Sólo cuando todos defendamos la cultura de la vida.

La migración se ha convertido hoy en uno de los temas más complejos. Aparecen paliativos específicos pero no soluciones de largo plazo. La migración indiscriminada y descontrolada ha generado sentimientos de xenofobia. La realidad del movimiento poblacional no se ha solucionado. En este ambiente, el desarrollo de diferentes esquizofrenias, paranoias y locuras puede crecer exponencialmente.

¿Es necesario que mueran muchos para tomar decisiones? ¿Se requiere que haya símbolos específicos de xenofobia para poner un control de armas? Una sola vida humana es única e irrepetible y su destrucción resulta inaceptable.

Nuestros connacionales muertos en el centro comercial de Ohio, muestran el sinsentido de esta barbarie. Ellos demuestran que la vida normal que implica amor, familia, compañía o salir de compras no es agradable para los locos que sólo creen en la muerte.

La prioridad de un estado es la seguridad de sus ciudadanos. Fuera de esta perspectiva todo es superficial.

Las leyes, los programas, los discursos políticos, las acciones culturales deben estar encaminadas a proteger la dignidad y la calidad de vida de los individuos.

La cultura de la vida debe imperar bajo líneas legales y éticas definidas. Fuera de este marco, la vida no vale nada.

•Director de Extrategia, Comunicación y Medios

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/CR

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