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La voz del presidente
La voz del presidente

Columnas martes 14 de mayo de 2019 - 01:48


Pues al parecer Zapata sí tenía razón cuando dijo: “la silla presidencial está embrujada, cualquier persona buena que se sienta en ella se vuelve mala”. Y lo que demuestra la historia es que el Caudillo del Sur no necesariamente se refería a maldad pura y llana, aunque por ahí se colaron Victoriano Huerta —hombre malo entro los hombres malos que han gobernado este país— y uno que otro siniestrón como Gustavo Díaz Ordaz o Luis Echeverría.

Quizá la frase de Zapata tenía que ver con que al ocupar la silla presidencial, la mayoría de los presidentes pierden rápidamente sus virtudes y son devorados por sus defectos, sobre todo por el de la soberbia como lo estamos viendo con nuestro amado líder.

Salvo algunas excepciones como Benito Juárez o Lázaro Cárdenas, del resto de los presidentes lo más que podría decirse, y siendo muy generosos, es que fueron mediocres y de ahí en caída libre: malos, pésimos y “maldita sea la hora en que nos gobernaron”.

“¿Pero qué te pasa?” —seguramente dirá más de un lector ofendido—, “si Porfirio Díaz ha sido el mejor presidente que ha tenido México”. Podemos discutirlo, pero tenemos que partir de una afirmación que ni siquiera se presta a polémica: Porfirio fue un dictador y como tal hay que analizarlo.

El problema con los presidentes que llegaron al poder de acuerdo con lo estipulado en la Constitución de 1917 es que ninguno, ni siquiera nuestro amado líder, ocupó la silla presidencial con un Estado de derecho funcional y con instituciones sólidas.

De ahí la discrecionalidad que ha mostrado cada uno en su forma de gobernar, descrita magistralmente por Daniel Cosío Villegas para definir al presidente Echeverría como “el estilo personal de gobernar”, pero que aplica por igual para todos los presidentes de México. Esa discrecionalidad ha propiciado malos, muy malos gobiernos.